ANÁLISIS
La salida de Diana Atamaint no garantiza un CNE diferente: las claves detrás de José Cabrera
Diana Atamaint enfrentaba cuestionamientos, pero su salida terminó siendo menos dramática de lo esperado. La apuesta de un CNE independiente está en tres vías

José Cabrera asumió la presidencia del CNE tras la remoción de Diana Atamaint.
Lo que debes saber
- El pleno del CNE removió a Diana Atamaint de la presidencia tras años de cuestionamientos.
- La salida pacífica de Atamaint sugiere un cambio alineado con el poder de turno.
- El CNE opera con consejeros prorrogados y en desapego a los plazos constitucionales.
El jueves 11 de junio de 2026, el pleno del Consejo Nacional Electoral (CNE) retiró de la presidencia a Diana Atamaint y de la vicepresidencia a Enrique Pita, quienes llevaban en esos cargo desde noviembre de 2018, cuando el actual consejo fue designado por el CPCCS Transitorio de Julio César Trujillo.
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Si bien es cierto que Atamaint enfrentaba una serie de cuestionamientos por las decisiones que el CNE había tomado en los últimos meses bajo su presidencia -entre ellas adelantar, en sus palabras, las votaciones pero no las elecciones seccionales, además de haber eliminado del registro electoral a los movimientos Construye y Unidad Popular (que finalmente logró regresar)-, su defenestración terminó siendo menos dramática de lo esperado.
Después de haber tratado de salvarse el día miércoles evitando el ingreso de la vocal Esthela Acero a la sesión de ese día, intentona que terminó en un griterío, Atamaint participó el día siguiente con total resignación de una sesión virtual y luego de otra, esta vez presencial, en la que se designó a su reemplazo, José Cabrera, incluso llegando a votar a favor de él. Luego, Atamaint reafirmó esa postura serena en un mensaje que publicó en sus redes: “El CNE toma una nueva conducción institucional, como mujer demócrata que soy comparto esa decisión”.
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Quienes esperan que este cambio en el CNE se convierta en la inauguración de la independencia en la función electoral deberían notar que la parsimonia de Atamaint y la rapidez de su salida son señales de que el poder de turno no está preocupado por este cambio. Si no, ya tuviéramos, como en otras ocasiones, al ministerio de Trabajo inhabilitando al señor Cabrera (como le pasó a la doctora Alexandra Villacís en el Consejo de la Judicatura), a la Policía tomándose el edificio (como ocurrió con el Consejo de Participación en su momento) y a la mayoría oficialista tramitando de apuro un juicio político (pensemos en Fausto Murillo y Gonzalo Albán), para lo cual no les costaría inventarse algún argumento con el que sostener que aún no estamos dentro de un periodo electoral.
Es preciso entender que Atamaint, más que una singular operadora del régimen, es una política calculadora que, como parte de distintas mayorías en el pleno del CNE, ha sabido encajar bien con el poder, sea que este se encuentre en Carondelet, en Mocolí o en el exilio. De otra forma no se puede explicar la capacidad de ella y de sus colegas para mantenerse en el cargo por tanto tiempo, mientras que consejeros de participación y de la judicatura, jueces y autoridades de control a veces no han durado más que unos meses.

José Cabrera fue designado presidente del CNE durante una sesión extraordinaria realizada este 11 de junio de 2026.
Prórroga de funciones y la Constitución de la República
Lo peor es que tal longevidad ha sido en desapego a la norma escrita. Según la Constitución de la República en su artículo 218, el CNE se tuvo que haber renovado parcialmente dos veces, una en noviembre de 2021 y otra tres años después, en 2024. Desde esa última fecha, Atamaint y los consejeros prorrogados han presidido ya sobre dos procesos electorales y van por el tercero.
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Ella sigue ahí, acompañada de los mismos consejeros que han la apoyado en decisiones pasadas, o que por lo menos se han ausentado convenientemente en momentos clave. Por ejemplo, Cabrera y Acero, hoy al frente del CNE, votaron a favor del adelanto de los comicios seccionales, no solo atreviéndose a jugar a la meteorología, sino que también a la suerte, tomando en cuenta que el fenómeno de El Niño empieza y termina cuando le place, y ya lo hecho antes en pleno noviembre. No es de extrañarse que el mismo día en que la mayoría del CNE tomó esa decisión, el director del Inhami, Bolívar Erazo, anunciara su renuncia.
Cabrera también ayudó con su voto de abstención a la cancelación tanto de Unidad Popular como de Construye, aunque cabe recalcar que en el primer caso se abstuvo de la misma forma la opositora más consistente a Atamaint, Elena Nájera.
El futuro del Consejo Nacional Electoral y la participación ciudadana
Si su esperanza es tener un Consejo Nacional Electoral en el que los votos de sus miembros no dependan de un telefonazo o de la designación de algún pariente, la mejor apuesta de las fuerzas democráticas debería ser triple. Primero, intentar enviar un mensaje a la clase política castigando con el voto a los consejeros de Participación Ciudadana que quieran buscar la reelección, por haberse demorado tanto en la renovación del CNE. Segundo, promover el rechazo, al menos por esta ocasión, a borrar por enmienda los poderes de selección del Consejo de Participación (lo que encima, de ser aprobado, tendría el efecto de regalarle por lo menos un año más en el cargo a Atamaint y compañía). Tercero, lanzar candidaturas ciudadanas que se comprometan a entregarnos un CNE realmente independiente.
La triste realidad es que el país no está listo para eso.