SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Análisis

El populismo diseñará la obra del Museo Nacional

El anuncio del ministro Roberto Luque confirma que el Gobierno ni siquiera en materia cultural es capaz de escapar de los cantos de sirena del populismo

Tras el desconocimiento del fallo del jurado internacional para el Museo Nacional, el Gobierno abre la puerta a que el diseño sea elegido por la opinión de las redes sociales.

Tras el desconocimiento del fallo del jurado internacional para el Museo Nacional, el Gobierno abre la puerta a que el diseño sea elegido por la opinión de las redes sociales.Cortesía

Martin Pallares
Publicado por

Creado:

Actualizado:

Lo que debes saber

  • El Gobierno de Daniel Noboa, a través del ministro Roberto Luque, decidió rechazar el diseño ganador para el Museo Nacional.
  • El anuncio del ministro Luque expone una grave contradicción, ya que él mismo actuó como delegado presidencial dentro del jurado que seleccionó la obra.
  • El Gobierno ha cedido ante la presión y las críticas de las redes sociales, lo que evidencia una gestión movida por la demagogia y el populismo.

La fachada del Museo Nacional será la que las redes sociales decidan. Palabras más, palabras menos, ese es el mensaje que el Gobierno, por intermedio del ministro de Infraestructura y Transporte, Roberto Luque (sí, el mismo de Progen), publicó ayer viernes 10 de julio en sus redes sociales.

De acuerdo con el texto difundido por Luque, el Gobierno ha decidido rechazar el proyecto ganador del concurso para el Museo Nacional, escogido por un jurado internacional integrado por siete miembros, entre ellos delegados del presidente y de la vicepresidenta de la República. En su mensaje anuncia, además, que la empresa pública encargada del proyecto convocará a los finalistas del concurso para que presenten nuevamente sus propuestas, de manera que “nosotros, junto a ustedes, elegiremos el diseño definitivo”. Finalmente, asegura que el Gobierno cumplirá su promesa de construir un Museo Nacional, “pero con empatía con la ciudad y sus necesidades”.

Un mensaje con contradicciones

El mensaje, publicado en X a las 14:00, es quizá la manifestación más elocuente del profundo populismo y la demagogia que mueven al gobierno de Daniel Noboa. No pudo soportar la presión de las redes sociales, que se lanzaron rabiosamente contra el proyecto escogido por el jurado internacional, y decidió desconocer un veredicto que, se entiende, se había comprometido a respetar. Si las redes nos están desgastando demasiado, entonces no aceptemos el fallo y digamos que haremos lo que las masas quieren: ese parece haber sido el razonamiento en algún rincón de Carondelet.

El mensaje de Luque contiene varios aspectos llamativos. Afirma, por ejemplo, que la propuesta fue del Colegio de Arquitectos, cuando eso es absolutamente falso. El proyecto pertenece a un consorcio de arquitectos españoles y ecuatorianos y fue seleccionado por un jurado internacional de alto prestigio. Además, hay un detalle imposible de pasar por alto: Luque fue delegado del presidente Daniel Noboa en el jurado y conocía perfectamente todo el proceso. Si alguien es copartícipe de esa decisión, es precisamente el presidente de la República, representado por su delegado, así como la vicepresidenta, también representada en ese organismo con derecho a voto.

Luego anuncia que se convocará nuevamente a los finalistas para que presenten sus propuestas. ¿Aceptarán hacerlo después de que el Gobierno desconoció el resultado del concurso? Y aquí aparece la cereza del pastel: “... nosotros, junto a ustedes, elegiremos el diseño definitivo”. Si ese mensaje fue publicado en redes sociales y habla de “ustedes”, resulta inevitable concluir que se refiere precisamente a la opinión expresada en esas plataformas, la misma que terminó provocando que el Gobierno pidiera la renuncia de la viceministra de Cultura, Romina Muñoz.

La incoherencia oficial

“Como ministro, respaldo plenamente esta decisión, porque comparto la convicción de que el proyecto debe responder al sentir de la ciudad y estar a la altura de lo que Quito y el país merecen”, escribió Luque. La pregunta es inevitable: ¿por qué no sostuvo esa posición antes, cuando participó directamente en el proceso de selección?

Si la salida de Muñoz había abierto una serie de interrogantes sobre el futuro del proyecto, el mensaje de Luque despeja cualquier duda: el Gobierno no respetará el veredicto del jurado. Eso deja otra certeza. Difícilmente habrá una autoridad internacional en arquitectura, urbanismo o museografía que acepte integrar un nuevo jurado. En el mejor de los casos, si la promesa de construir el museo llega a cumplirse, habrá un jurado de obedientes que primero deberán escuchar el sentir de las redes sociales. ¿Quién se atreverá a contradecir la opinión de X o Facebook sabiendo que, para este Gobierno, ese parece ser el criterio decisivo?

El anuncio de Luque (sí, el mismo ministro que se niega a entregar información que podría ayudar a encontrar a los responsables del caso Progen) confirma que el Gobierno ni siquiera en materia cultural es capaz de escapar de los cantos de sirena del populismo. Además, debería asumir las consecuencias jurídicas de su decisión y, si corresponde, indemnizar a los autores del proyecto ganador.

Lo que enseña la historia

La historia de la arquitectura demuestra que las obras más emblemáticas suelen ser también las más incomprendidas cuando nacen. Algunos de los edificios que hoy simbolizan a sus ciudades fueron, en su momento, objeto de burlas, campañas de rechazo e incluso de profundas crisis políticas. Lo que hoy se considera patrimonio universal, alguna vez fue visto como una amenaza para el paisaje, la identidad o el buen gusto.

Quizá el caso más paradigmático sea el del Centro Pompidou de París. En 1971, un jurado internacional presidido por Jean Prouvé e integrado por figuras de la talla de Oscar Niemeyer y Philip Johnson eligió, entre 681 propuestas de 49 países, el proyecto de dos arquitectos prácticamente desconocidos: Renzo Piano, que entonces tenía apenas 33 años, y Richard Rogers. La reacción fue feroz. Se dijo que el edificio parecía una refinería de petróleo, una fábrica instalada en el corazón de París y una agresión contra el patrimonio histórico. Durante la presentación del proyecto hubo abucheos e incluso se lanzaron tomates contra los ganadores. Sin embargo, el gobierno del presidente Georges Pompidou respetó el fallo del jurado y siguió adelante con la obra. Hoy el edificio es uno de los grandes íconos de la arquitectura contemporánea.

A diferencia de Pompidou, Noboa hizo más caso a los tomatazos que a su responsabilidad.

tracking