elecciones 2026
Las alianzas electorales de última hora redefinen la disputa por Quito, Guayaquil y Manabí
Suspensión de organizaciones impulsó acuerdos antes imposibles. En Guayaquil, las alianzas se fragmentan. ADN optó por una sola coalición en Santa Elena

Unidad Popular es una de las organizaciones que llegó a un acuerdo con la Revolución Ciudadana.
Las alianzas electorales de cara a las seccionales de 2026 tomaron un protagonismo inesperado. La situación jurídica de dos organizaciones políticas llevó a la conformación de coaliciones que antes parecían imposibles. Sin embargo, su peso aún es incierto.
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La suspensión de los movimientos Revolución Ciudadana y Amigo obligó al correísmo a acercarse a movimientos que antes atacó. El tablero electoral en Quito y Guayaquil es una muestra de la abierta disputa por conseguir alcaldías y prefecturas claves.
Los movimientos del tablero en tres zonas
En Pichincha, por ejemplo, las candidaturas de los correístas Pabel Muñoz para la Alcaldía y Alexandro Tonello a la Prefectura están auspiciada por la Alianza Ciudadana, integrada por Unidad Popular (UP), Partido Socialista Ecuatoriano (PSE) y Todos.

El alcalde Pabel Muñoz anunció que buscará la reelección y aseguró que respetará el calendario electoral antes de iniciar la campaña.
Otro movimiento en las candidaturas que llamó la atención tiene que ver con la postulación de Luisa González a la Prefectura de Manabí. Para concretar su participación, tras la suspensión de Amigo, González busca el cargo de la mano de Pachakutik (PK).
El caso de Guayaquil es más complejo. Allí, la otrora alianza de movimientos de izquierda terminó por fragmentarse. La inscripción de la precandidatura de Fiorella Ycaza para la Alcaldía por el Partido Socialista Ecuatoriano abrió un cruce de acusaciones y reclamos con otra precandidata, Mónica Luzárraga. Hay que recordar que el PSE ya había anunciado que la apoyaría.
Luzárraga seguirá con la intención de concretar su candidatura y mantiene el auspicio de Unidad Popular y Pachakutik. En el ámbito provincial, la alianza UP y PK ya fue validada por el CNE.
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¿Qué hace la derecha?
La derecha también apunta a las alianzas. Por ejemplo, el Partido Social Cristiano (PSC) registra una cercanía con movimientos como CREO. Hay que recordar que durante la presidencia de Guillermo Lasso, Esteban Torres (hoy ADN) era asambleísta del PSC y fue uno de los impulsores del juicio político en contra del ahora exmandatario.
La alianza se registra en el ámbito cantonal. En Nobol, el PSC y su aliado Madera de Guerrero se unieron con CREO. Lo mismo ocurrió en el cantón Isidro Ayora, con la diferencia de que allí no es parte Madera de Guerrero. En total, el PSC aparece en 85 alianzas, según el reporte del CNE.
Pero también hay quienes no le apuestan a las coaliciones o, al menos, lo hacen mínimamente. El movimiento oficialista ADN solo registra una alianza validada hasta el momento. Se trata de una unión con el Movimiento Autónomo Revolucionario (MAR). Desde esa coalición se prevé la candidatura a la Alcaldía de Salinas, en la provincia de Santa Elena.
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ADN también cuenta con un caso particular que tiene que ver con Guayaquil. El movimiento del presidente Daniel Noboa apostaba por Niels Olsen para ese cargo. A última hora decidió apoyar a la exalcaldesa Cynthia Viteri.
El mismo presidente de la República anunció que Viteri ya estaba afiliada a ADN. Esto pese a que, en este mismo proceso, la exautoridad del Puerto Principal había anunciado días antes que sería auspiciada por Centro Democrático.
¿Qué ganan los movimientos con las alianzas?
Para el analista político Daniel Crespo, las alianzas deben estudiarse desde el real costo-beneficio. Del lado del correísmo, la apuesta es clara: no desaparecer de la papeleta electoral. Crespo considera que el uso de este tipo de mecanismos le permitiría mantener la vigencia de su capital político.

Cynthia Viteri y Andrés Guschmer lideraron una marcha de ADN en Guayas a propósito de la inscripción de candidaturas.
Pero, del otro lado, los movimientos que lo acogen podrían experimentar un revés respecto a sus alas más duras. Crespo mencionó al mismo Pachakutik, con el cual el correísmo ha mantenido más de una década de enfrentamientos directos.
En ese escenario, según el analista, es más probable que PK pierda más votos de esos sectores que el correísmo de los suyos, ya que cuenta con un voto duro.
También hay otro elemento que debe tomarse en cuenta. Estas seccionales serán las primeras elecciones en las que se aplique la reforma aprobada por la Asamblea, con votos del correísmo y ADN, respecto a habilitar al CNE para la eliminación de organizaciones políticas que, en una sola elección, no alcancen un mínimo de dignidades o porcentaje de votación. Así, según Crespo, las alianzas generan una manera de sortear esa posibilidad.
La catedrática universitaria Caroline Ávila dice que para las organizaciones que deciden abrir espacio a la RC, la coyuntura excepcional y la existencia de un “adversario común” pueden servir como argumento para justificar acuerdos que en otras circunstancias habrían sido difíciles de explicar. Además, esto obliga a la RC a abrir sus fronteras.
También añadió que para el PSC y CREO el desafío parece distinto. “Necesitan reconstruir viabilidad electoral y, sobre todo, diferenciarse de ADN”, argumenta. Esto porque competir por convertirse en una alternativa desde la derecha resulta más complejo, ya que ADN ocupa buena parte de ese espacio.