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Diario Expreso Ecuador

El reciclaje del poder

Guayaquil y Ecuador necesitan una tercera vía política centrada en dar resultados, superar viejas disputas y abandonar la costumbre de elegir el mal menor

Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, en lugar de dedicar meses a buscar culpables o a explicar por qué no podía cumplir, empezó a gobernar.

Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, en lugar de dedicar meses a buscar culpables o a explicar por qué no podía cumplir, empezó a gobernar.Archivo Expreso

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A veces las respuestas a nuestros problemas no están en copiar modelos extranjeros, sino en comprobar que sí existen formas distintas de ejercer el poder. Recuerdo cuando Zohran Mamdani inició su campaña para la alcaldía de Nueva York. Era un candidato joven, con propuestas que muchos calificaron de radicales: vivienda digna, acceso a alimentación de calidad y una ciudad pensada para quienes viven de su trabajo y no solo para quienes pueden pagarla. Estamos acostumbrados a escuchar promesas de campaña que desaparecen tan pronto termina la celebración electoral. Sin embargo, lo que más llamó mi atención no fueron sus discursos, sino lo que ocurrió después. 

Una administración que resuelve

En lugar de dedicar meses a buscar culpables o a explicar por qué no podía cumplir, empezó a gobernar. Sus primeras decisiones transmitieron una idea sencilla pero poderosa: la ciudadanía espera resultados, no excusas. Incluso rechazó un incremento de su propio salario al considerar que esa no era una prioridad para quienes lo habían elegido. Son gestos que, más allá de estar o no de acuerdo con su ideología, reflejan una forma distinta de entender el servicio público. Eso es precisamente lo que anhelo para Guayaquil. No una ciudad atrapada entre peleas interminables, campañas construidas sobre enemigos políticos o calcomanías recicladas de elecciones anteriores. Quisiera ver una administración concentrada en resolver problemas cotidianos: movilidad, seguridad, espacios públicos, servicios básicos y oportunidades para quienes sostienen la ciudad todos los días.

Sigo creyendo que Ecuador necesita una tercera vía. No necesariamente un movimiento nuevo, sino una nueva manera de hacer política. Alguien que llegue sin la obligación de defender viejas estructuras, que entienda que gobernar no consiste en administrar resentimientos ni en vivir culpando a quienes estuvieron antes, sino en ejecutar, corregir y rendir cuentas. La crisis es la falta de candidatos capaces de ofrecernos algo diferente. Porque cuando todas las opciones representan el mismo libreto, votar deja de sentirse como decisión y empieza a parecer resignación. Y ninguna democracia debería conformarse con que sus ciudadanos simplemente elijan el mal menor.

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