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Diario Expreso Ecuador

La tragedia de errores de Trump

La guerra con Irán expone fallas institucionales en EE. UU. y amenaza con agravar la inflación, la crisis energética y la inestabilidad global

El mandatario Donald Trump en su foto de archivo.

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Es cierto, como dijo Alexander Pope, que errar es humano. Aunque todos somos falibles, algunos lo son más que otros, y esa es una de las justificaciones de la democracia: someter decisiones que afectan a muchos a procesos deliberativos con controles y contrapesos. La historia de los regímenes autoritarios está llena de líderes cuyos errores resultaron desastrosos para sus sociedades.

Decisiones de guerra sin control institucional

No hay decisión más grave que declarar la guerra. Sin embargo, Estados Unidos lo ha hecho sin respetar plenamente sus mecanismos de control institucional. Como monarcas de antaño, el presidente Donald Trump, descrito por sus críticos como impulsivo, actúa con escasa supervisión legislativa y rodeado de asesores complacientes. El resultado es evidente: el país está nuevamente implicado en un conflicto en Oriente Medio que ha costado miles de vidas, en su mayoría civiles, y en el que se han denunciado posibles crímenes de guerra.

Nadie sabe cuánto durará la guerra con Irán ni cuántas víctimas más habrá. Mientras tanto, gran parte de la sociedad estadounidense parece desbordada por la avalancha informativa y ha reaccionado con escasa movilización. Incluso en universidades, tradicionalmente espacios de crítica, predomina el temor. La amenaza de sanciones económicas, problemas migratorios o investigaciones legales ha tenido un efecto disuasorio claro.

Desde una perspectiva económica, la duración del conflicto es clave: cuanto más se prolongue, mayores serán los daños. Pero incluso un final rápido dejaría secuelas. Las cadenas de suministro ya están afectadas y la infraestructura energética ha sufrido destrucción cuya reparación tomará años. Además, no solo está en riesgo el petróleo y el gas, sino también la producción de fertilizantes, esencial para los sistemas alimentarios globales.

Esta crisis llega tras otras perturbaciones recientes como la pandemia, la guerra en Ucrania y tensiones comerciales, que ya habían impulsado la inflación. Antes del regreso de Trump al poder, esta mostraba una tendencia descendente, aunque aún por encima del 2 %. Sin embargo, nuevas políticas y el conflicto han revertido esa tendencia, aumentando la presión inflacionaria global.

Tasas de interés y fragilidad económica

Ante este panorama, los bancos centrales podrían subir tasas de interés o frenar su reducción, agravando la crisis de asequibilidad y encareciendo el crédito. Al mismo tiempo, la economía estadounidense ya está debilitada por políticas erráticas. Sin el impulso del gasto en inteligencia artificial, el crecimiento sería menor.

Las políticas fiscales favorables a grandes corporaciones reducen el margen del gobierno para responder a crisis. La idea de beneficiarse como exportador neto de petróleo resulta cuestionable, ya que los precios se fijan globalmente. Europa también sufre altos precios energéticos y podría agravar o mitigar la situación según sus decisiones.

A largo plazo, el conflicto podría acelerar la transición hacia energías renovables, menos vulnerables a la inestabilidad geopolítica. Sin embargo, también golpea el orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial. Con tensiones crecientes y cadenas de suministro frágiles, el panorama global ofrece pocos motivos para el optimismo.

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