Cárceles de Ecuador: más requisas no bastan para frenar el ingreso de armas y drogas
El sistema penitenciario ecuatoriano requiere personal especializado, controles efectivos y centros de dimensiones manejables

El control penitenciario requiere una estrategia integral que combine seguridad, profesionalización del personal y rehabilitación de las personas privadas de libertad.
Los problemas de las cárceles ecuatorianas no se resolverán con más requisas ni con medidas improvisadas. Es necesario atacar las causas que permiten el ingreso de armas, drogas, alcohol, teléfonos y otros objetos prohibidos. Incluso elementos aparentemente inofensivos, como los colchones, pueden convertirse en mecanismos para introducir ilícitos.
La necesidad de profesionalizar el sistema
El manejo penitenciario debe ser técnico, profesional y estar en manos de personal especializado, rigurosamente seleccionado y, sobre todo, incorruptible. Pero también debe recuperar su verdadera finalidad: la rehabilitación. Mientras las cárceles sigan funcionando como escuelas del crimen, poco cambiará. Los policías y militares pueden realizar cuantas requisas sean necesarias, pero seguirán encontrando armas y drogas si el sistema permite que vuelvan a entrar. Por eso Ecuador debe estudiar y adaptar modelos penitenciarios exitosos aplicados en otros países.
Cárceles más pequeñas y controlables
Tampoco basta con construir una gran cárcel, como la de Santa Elena. Se necesitan más centros, de dimensiones manejables y con control efectivo. La experiencia de complejos enormes, como la Regional y la Penitenciaría del Litoral, demuestra que su magnitud puede convertirse en una debilidad.