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Diario Expreso Ecuador

Una lucha de todos

El impacto del narcotráfico en Ecuador y los avances contra las mafias: una llamada a defender las instituciones por encima de la política

El Estado ha logrado recomponer capacidades y dar golpes muy duros a los carteles, tanto en el tráfico como en el otro gran azote, la minería ilegal.

El Estado ha logrado recomponer capacidades y dar golpes muy duros a los carteles, tanto en el tráfico como en el otro gran azote, la minería ilegal.Archivo Expreso

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Yo era un niño cuando se ejecutó el Operativo Ciclón, quizá el primer gran golpe contra el narcotráfico en el Ecuador. Lo lideró el gobierno de Rodrigo Borja, con una actuación de los servicios de inteligencia de la Policía Nacional inusual para esa época. Los titulares de la prensa y la reacción ciudadana fueron de celebración; no recuerdo, seguramente porque no hubo, ninguna persona que haya salido a cuestionar al presidente o a su equipo por el golpe, ni que se intentara matizar lo que era una victoria, no personal, sino institucional.

Una causa nacional por encima de la política

Es increíble lo rápido que se ha desmoronado el acuerdo social desde entonces. Bastaron apenas treinta y cuatro años en los cuales el negocio del narcotráfico encontró aquí un santuario, corrompió estructuras políticas, policiales y judiciales, a líderes locales y partidos nacionales, a jóvenes que sobreviven en la marginalidad y a grandes “influenciadores” que despilfarran dinero como nueva medida de su valor. Llegó la tormenta perfecta: mientras las redes sociales empujaban a la superficialidad, otros desde el poder vaciaban los consensos mínimos sobre lo que alguna vez fue inaceptable, matizando, rebautizando a narcos y terroristas como “grupos irregulares”, oponiéndose a su extradición, metiéndolos en sus listas de candidatos o directamente siendo sus socios.

En medio de todo y cuando parecía una batalla perdida, llegó una bocanada de aire, conseguido con valor y cooperación regional. El Estado ha logrado recomponer capacidades y dar golpes muy duros a los carteles, tanto en el tráfico como en el otro gran azote, la minería ilegal, con personas que ponen sus vidas en la línea, comenzando por el presidente Noboa y los ministros Reimberg y Loffredo. Y, más allá de las preferencias políticas de cualquiera, todos, especialmente medios y líderes de opinión, deberíamos apoyar activamente este esfuerzo. Se puede, simultáneamente, exigir correcciones en lo que se falla y sostener juntos lo que se hace bien. La política no puede ser un juego de suma cero en el que destruir al otro sea el único objetivo. Si no ganamos esta guerra, no habrá ni libertad ni democracia que defender.

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