Diario Expreso Ecuador

Europa sigue necesitando moléculas

Electrones e hidrógeno verde constituyen la fórmula clave para evitar que la transición energética comprometa la autonomía e industria de la Unión Europea

Ursula von der Leyen señaló que Europa no puede ser una potencia industrial con precios energéticos “estructuralmente demasiado elevados” y una dependencia crónica de combustibles importados.

Ursula von der Leyen señaló que Europa no puede ser una potencia industrial con precios energéticos “estructuralmente demasiado elevados” y una dependencia crónica de combustibles importados.Archivo Expreso

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Mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronunciaba su discurso sobre el Estado de la Unión defendiendo un futuro eléctrico para Europa, yo asistía en Washington a una reunión de la Fundación Energy Futures Initiative, dirigida por Ernest Moniz. La conclusión allí fue contundente: los electrones por sí solos no pueden impulsar las economías.

Von der Leyen acertó al señalar que Europa no puede ser una potencia industrial con precios energéticos "estructuralmente demasiado elevados" y una dependencia crónica de combustibles importados. 

La invasión rusa de Ucrania y el posterior conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán han vuelto a evidencia esta fragilidad. Según la presidenta, la UE ha gastado 90.000 millones de euros adicionales en importaciones fósiles desde el inicio de la guerra, sin obtener a cambio “ni una sola molécula de energía”.

La solución de Von der Leyen es duplicar la cuota de electricidad para 2040. Aunque es un objetivo loable e imprescindible para contar con energía limpia y asequible, el problema de infraestructura es monumental: de los más de 80 gigavatios de capacidad renovable instalados el año pasado, aproximadamente seis veces esa cantidad quedó a la espera de conectarse a la red.

Sin embargo, ni la mejor estrategia eléctrica proveerá las moléculas faltantes. Sectores críticos -aviación, transporte marítimo y pesado, industria química, fertilizantes y defensa- no pueden funcionar solo con electrones. Nos guste o no, Europa seguirá consumiendo petróleo y gas en el futuro previsible.

El doble reto de Europa

Por ello, la estrategia europea debe combinar la descarbonización con la gestión segura de esta dependencia continuada, preservando capacidades como el refino. Externalizar las refinerías aumenta la vulnerabilidad; optimizar precios en tiempos de paz suele pagarse caro en tiempos de crisis.

Con el tiempo, la transición exigirá hidrógeno verde para sustituir los fósiles en sectores difíciles de electrificar directamente. Pasar del hidrógeno como aspiración a una industria a gran escala exige electricidad limpia, electrolizadores, infraestructura de transporte y demanda real. Europa no puede proclamar una economía del hidrógeno por decreto; debe construirla.

El reto europeo es doble: descarbonizar mientras se garantiza la seguridad del suministro. Para ello, los líderes deben integrar la seguridad energética, la asequibilidad y la descarbonización en una sola estrategia. La política energética abarca hoy la política industrial, la social, la tecnológica y la de seguridad.

La independencia energética absoluta no es realista. Europa necesita gestionar la interdependencia: diversificar proveedores, preservar capacidades esenciales y evitar dependencias que puedan utilizarse como arma. Se trata de construir el sistema del futuro -que combine electrones y moléculas- sin desmantelar las capacidades estratégicas que garantizan su autonomía.

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