Diario Expreso Ecuador

¿Es legal la presencia de Rusia en el Consejo de Seguridad?

La ONU violó su promesa al dejar que un agresor paralice el Consejo de Seguridad usando un veto que legalmente no le corresponde

Desde 2022, la Resolución 377 (“Unidos por la Paz”) ha permitido convocar sesiones de la Asamblea General sin el veto ruso. No obstante, tiene límites.

Desde 2022, la Resolución 377 (“Unidos por la Paz”) ha permitido convocar sesiones de la Asamblea General sin el veto ruso. No obstante, tiene límites.Archivo Expreso

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“Nosotros los pueblos de las Naciones Unidas resueltos a preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. Así comienza la Carta de las Naciones Unidas. Sin embargo, la guerra de agresión de Rusia contra Ucrania ya lleva cuatro años, lo que confirma hasta qué punto la ONU se ha alejado de su promesa fundacional.

El problema no es solo que la ONU no haya detenido una guerra de gran envergadura, sino que el estado agresor ejerce el derecho de veto en el órgano encargado de preservar la paz. Rusia ha convertido el puesto permanente de la Unión Soviética, que usurpó en 1991, en una licencia para la impunidad. Cada vez que el Consejo de Seguridad intenta responder, el Kremlin lo impide.

Suele describirse esto como un defecto inevitable del sistema, pero la ONU nunca ha examinado cómo Rusia adquirió la condición de miembro de la organización y del Consejo de Seguridad. ¿En qué documentos se basa este derecho?

La respuesta es endeble. El artículo 23 de la Carta sigue nombrando a la “Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas” como miembro permanente. La URSS fue miembro fundador en 1945, al igual que Ucrania y Bielorrusia, pero no la Federación Rusa.

Urge revisar la condición de Rusia como miembro de la ONU

En diciembre de 1991, la URSS dejó de existir. Aunque los estados de la CEI expresaron su apoyo a que Rusia ocupara el puesto soviético, nunca se adoptaron medidas legales para garantizarlo. El 24 de diciembre de 1991, Boris Yeltsin envió una carta al secretario general de la ONU afirmando que Rusia “continuaba” dicha membresía. Sin embargo, esa carta carece de peso jurídico: no solo no existía formalmente la Federación Rusa en ese momento, sino que no se cumplió el proceso fijado por la Carta para admitir nuevos miembros (solicitud, examen del Consejo, aprobación de la Asamblea General y ratificación).

Cuando la antigua Yugoslavia intentó una maniobra similar en 1992, el Consejo de Seguridad la rechazó (Resolución 777). En cambio, cuando Ucrania denunció en 2022 la ilegitimidad de la presencia rusa, la respuesta fue el silencio.

La ONU tiene precedentes en los que basarse:

China (1971): La Asamblea General aprobó la Resolución 2758 para reconocer a la República Popular China sobre la representación de Chiang Kai-shek.

Yugoslavia (1992): Se denegó la sucesión automática tras la desintegración del estado.

Desde 2022, la Resolución 377 (“Unidos por la Paz”) ha permitido convocar sesiones de la Asamblea General sin el veto ruso. No obstante, tiene límites: produce recomendaciones, mientras Rusia mantiene el poder de paralizar las decisiones vinculantes del Consejo.

Revisar la condición de Rusia no exige reformar el Consejo ni abolir el veto. La Asamblea General cuenta con el Comité de Credenciales (usado con Sudáfrica en 1974) para evaluar la legalidad de su representación. Una banca vacante tampoco paraliza al Consejo, como demostró el boicot soviético en 1950.

La Asamblea General debe hacer lo que omitió en 1991: examinar formalmente la legalidad de la representación rusa. Un orden internacional basado en reglas no se sostiene en una placa identificatoria, sino en el cumplimiento de la ley.

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