El balance entre China y Estados Unidos
Con comercio, inversión y energía en agenda, Ecuador busca afianzar su relación con China mientras mantiene su alianza estratégica con Estados Unidos

China y EE. UU. son socios clave para la economía de Ecuador. por eso el equilibrio geopolítico impulsa las exportaciones y la seguridad nacional.
Como toda buena política de Estado, la nueva etapa de acercamientos con China tras una traumática relación durante la década del correísmo que incluyó un sobrendeudamiento y algunas obras con problemas como Coca Codo Sinclair, la inició el gobierno del presidente Moreno. En su momento, el exvicepresidente Otto Sonneholzner tomó la acertada decisión de viajar a China en 2019 y generó el marco de confianza necesario para lo que ha venido después.
Posteriormente, uno de los mayores aciertos del gobierno del presidente Lasso fue dar inicio, en tiempo récord, a la firma de un acuerdo comercial con China, tras una diplomacia presidencial que inició en medio de la pandemia del COVID-19, logrando obtener las dosis de vacunas que requería el país para salir adelante.
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Por eso, es una excelente noticia para nuestro país la invitación a una nueva visita oficial a un presidente ecuatoriano, por parte Xi Jinping, en esta ocasión al presidente Noboa. Ya en 2025, el mandatario ecuatoriano había estado allí reuniéndose con empresarios chinos, y ahora la agenda incluye comercio, inversión, infraestructura, energía y tecnología, con temas pendientes como la suspensión de catorce camaroneras ecuatorianas en el mercado chino o la propia negociación de Coca Codo Sinclair, obra vital para la sostenibilidad energética del país.
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Es que China es, después de todo, un socio del que dependen sectores vitales de nuestra economía como el camarón, el atún, el banano o la pitahaya, y necesitan ese mercado para seguir creciendo. Para Ecuador, en el contexto de globalización y la competencia extrema entre varios países agroexportadores, la relación con este gigante asiático no se trata de una opción ideológica, sino de una necesidad objetiva para nuestra economía.
Más allá de que en la relación con China existen temas sensibles como la pesca ilegal o los juicios pendientes de aquellas obras realizadas entre 2007 y 2017, siempre se piensa que con cada visita presidencial a Pekín, Washington nos podría cerrar la puerta. Actualmente, con una diplomacia comercial que rige en el mundo, esa lectura pasa a un segundo plano. De hecho, en mayo de este año el propio Donald Trump viajó a China, en su primera visita como presidente en su segundo mandato, y volvió hablando de “acuerdos comerciales fantásticos” en agricultura, aviación e inteligencia artificial.
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Para el Ecuador, Estados Unidos sigue y seguirá siendo nuestro principal socio comercial y el aliado de seguridad más importante que tenemos, particularmente frente al narcotráfico y el crimen organizado transnacional que hoy amenaza nuestros puertos y nuestras costas. Esa relación, por tanto, debe ser de igual forma una prioridad. Por ello, la designación de un nuevo Embajador en Washington, con buenas cartas credenciales y trayectoria, es una excelente señal.
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Mientras el Ecuador continúe una política exterior no ideologizada, tendremos éxito en las relaciones balanceadas. Con un sector privado que hoy constituye uno de los elementos más importantes de nuestro PIB, se requiere que continúe esta visión geopolítica.
Se acabó la etapa donde la política exterior la marcaba el manual del Socialismo del Siglo XXI desde Venezuela, disfrazada de un mecanismo regional supuestamente soberano.