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Diario Expreso Ecuador

La puerta abierta

Buscar oportunidades fuera del Ecuador es válido, pero también lo es recordar las condiciones y esfuerzos que hicieron posible llegar hasta ellas

Cada vez más jóvenes ecuatorianos consideran salir del país en busca de nuevas oportunidades de estudio y trabajo.

Cada vez más jóvenes ecuatorianos consideran salir del país en busca de nuevas oportunidades de estudio y trabajo.Canva

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Hay una frase que escucho cada vez con más frecuencia entre jóvenes: “Me quiero ir de acá, este país no ofrece oportunidades”. Lo curioso es que muchas veces quienes más la repiten son quienes han tenido más oportunidades: educación, techo, comida, colegios, universidades, viajes, cursos, idiomas y una vida bastante más cómoda que la de millones de compatriotas. Y, en muchos casos, sus propios padres fueron quienes hicieron posible todo eso.

Irse no tiene nada de malo. Salir, estudiar, conocer otras realidades y buscar mejores oportunidades puede ser una de las mejores decisiones de una persona. Lo que cuesta entender es mirar hacia atrás como si todo aquello que recibimos antes de cruzar la frontera no hubiera servido para llegar hasta donde estamos.

Lo digo también desde mi propia experiencia. He tenido la posibilidad de que mis dos hijos realicen estudios de posgrado en universidades extranjeras, y me siento orgulloso de ello. Quise que conocieran otros países, otras universidades y otras formas de pensar, y que pudieran competir en escenarios distintos. Pero también les he enseñado algo que considero fundamental: nunca olvidar el lugar que les dio de comer desde el segundo en que abrieron los ojos.

Lo que recibimos antes de cruzar la frontera

Una cosa es querer irse y otra muy distinta es renegar de aquello que permitió que uno pudiera hacerlo. Mientras algunos jóvenes dicen que este país no ofrece oportunidades porque no encuentran exactamente la que quieren, otros de su misma edad buscan desesperadamente una sola oportunidad para estudiar, trabajar o salir adelante.

Nadie está obligado a quedarse ni a idealizar un país que tiene problemas enormes y muchas veces nos obliga a luchar más de lo necesario. Pero antes de decir que aquí no recibimos nada, quizá habría que mirar hacia atrás y preguntarnos cuánto recibimos sin siquiera haberlo pedido.

Si algún día mis hijos deciden quedarse lejos, quiero que lo hagan para crecer, no para olvidar de dónde salieron. Conocer el mundo es una oportunidad extraordinaria, pero tener la memoria para no renegar del lugar que nos permitió llegar hasta él también es una forma de educación.

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