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Diario Expreso Ecuador

CPCCS: ¿por qué no hay independientes?

El CPCCS pasó de la promesa meritocrática al reparto político, convirtiéndose en una institución atrapada entre el caudillismo y el libre mercado

Ni meritocracia ni transparencia. El CPCCS repite el desastre de los viejos congresos mientras la ciudadanía se debate entre la apatía y el desencanto

Ni meritocracia ni transparencia. El CPCCS repite el desastre de los viejos congresos mientras la ciudadanía se debate entre la apatía y el desencantoArchivo Expreso

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El Consejo de Participación es un problema. La Constitución del 2008 pretendía, al menos en su texto, extirpar la influencia de los partidos políticos de la designación de las autoridades judiciales, electorales y de control del país, empezando por el propio Consejo, el cual debía nombrar a la mayoría de ellas. Sin embargo, esos concursos de méritos y oposición, en vez de inaugurar la meritocracia, sirvieron para blanquear la consolidación del poder autoritario.

Del Congreso de los Ceniceros al desastre del CPCCS

Luego, la reacción anticorreísta, dedicada más a devolver al país al 2006 que a llevarlo hacia un futuro que superara el proyecto de Correa, nos dio mediante referendo un Consejo Transitorio que hizo y deshizo y al que solo se le puede agradecer habernos dejado una Corte Constitucional independiente, porque en todas las otras instituciones en las que metieron la mano las cosas siguieron igual o peor.

Por efectos de ese mismo referendo, el CPCCS pasó a ser elegido por voto popular, con una prohibición expresa de la participación partidista: un total engaño. Los que no entraron en el 2019 gracias a la polla de Rafael Vicente o Jaime José, estando adentro cotizaron su voto a los partidos de una forma no vista ni siquiera en el Congreso de los Ceniceros ni tampoco en la Asamblea del Saquicelato. Y así, entre destituciones y censuras, fueron dando la vuelta hasta que se quedaron sin suplentes. Desde ese año hasta ahora, descontado las honrosas excepciones de ambos periodos, hemos visto el mismo desastre: polla y mercado. Pero el Soberano dos veces ha ratificado ya (la segunda de manera indirecta) la existencia de esta institución. ¿Qué hacer?

Podemos preguntar otra vez, aunque eso no consiga mucho más que sincerar la naturaleza política de las designaciones, devolviéndoselas al Legislativo.

O podemos soñar que vivimos en otro país y que en esta ocasión se presentarán candidatos de la sociedad civil: tal vez un médico respaldado por las clínicas privadas y otro quizá por los trabajadores públicos de la salud, también un agricultor apoyado de frente por su clúster, un empresario por las cámaras y un académico por las federaciones estudiantiles y los gremios docentes.

Qué lindo es soñar.

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