Los grises de Pisa
Los resultados de PISA muestran graves falencias en matemáticas y lectura en Ecuador, mientras el discurso oficial destaca la resiliencia de los estudiantes

Los resultados de PISA evidencian los desafíos que enfrenta Ecuador para mejorar el aprendizaje de matemáticas y lectura entre sus adolescentes.
Ocho de cada 10 adolescentes ecuatorianos de 15 años no resuelven en matemáticas lo que PISA considera el mínimo, y en lectura el país perdió 24 puntos frente a 2017. Ningún contexto vuelve aceptables esas cifras.
Los resultados que no admiten excusas
En una semana el marco quedó fijado. La caída global, el origen socioeconómico como predictor, las escuelas sin materiales, alguna reserva sobre la muestra, y en el otro extremo perseverancia, curiosidad, adaptabilidad, resiliencia, como consuelo. Todo cierto. El contrapeso más repetido fue convertir lo que los jóvenes declaran sobre su deseo de aprender en una reserva moral frente al desastre académico.
PISA, la prueba que la OCDE aplica en 91 países, no solo mide lo que los estudiantes resuelven. Mide también lo que dicen de sí mismos, y ese segundo cuestionario deja un vocabulario al alcance de quien tenga que responder por los resultados. En 48 horas, las respuestas oficiales de México, España y Ecuador echaron mano de la misma reserva. Venía con el informe, con resiliencia al frente. Pero PISA la mide además de otra manera. Llama resilientes a quienes, desde el cuarto más pobre, llegan al cuarto de mejor rendimiento en ciencias de su país. Entre los miembros de la OCDE lo logra en promedio el 12 %. En Ecuador el 9 %. Una palabra puede terminar ocultando el dato que ella misma nombra.
El poder elige cómo contar los resultados
Y lo que se declaró no se obtuvo del mismo instrumento que lo que se comprobó. Los ecuatorianos se dicen más curiosos y persistentes que el promedio, por encima incluso de Finlandia y Corea del Sur. Eso sale de un cuestionario. Las matemáticas, del examen. La OCDE misma pide cautela sobre esas respuestas. Al resultado comprobado le pusimos enfrente lo mejor que una generación dice de sí misma. No para relativizar el pésimo desempeño. Los datos son durísimos. Una institución mide. El poder público elige con qué parte de esa medida explicarse. Los grises están en el informe, a la vista, y tardan en leerse. El marco dominante no gana por ser el más completo. Gana por llegar primero.
Estamos abrumados. No estamos dormidos. Qué recordaremos de PISA no lo decide PISA. Lo decide la versión que nos baste.
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