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Diario Expreso Ecuador

En el entretiempo

Irán demuestra que solo firma la paz cuando está débil y evidencia que es peligroso mirar el Mundial 2026 ignorando la crisis nuclear que amenaza al planeta

Irán ha demostrado que solo firma tratados cuando está debilitado y los viola cuando se recupera. Recurre a la diplomacia para ganar el tiempo que necesita mientras los centrifugadores siguen girando.

Irán ha demostrado que solo firma tratados cuando está debilitado y los viola cuando se recupera. Recurre a la diplomacia para ganar el tiempo que necesita mientras los centrifugadores siguen girando.Archivo Expreso

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Hay una regla clásica que los niños aprenden antes que los diplomáticos: un acuerdo vale lo que vale la palabra de quien lo firma. No se puede confiar en quien demostró que miente. En 2002 se descubrió que Irán enriquecía uranio en secreto, violando el Tratado de No Proliferación que había firmado en 1968. En 2015, el mundo nuevamente le tendió la mano; el llamado Acuerdo Nuclear le permitía tener energía atómica civil, a cambio de abrir sus instalaciones a inspectores internacionales y comprometerse a no construir la bomba nuclear. Para 2019, Irán ya había excedido el límite de enriquecimiento permitido y bloqueado las inspecciones. En 2024 la ONU reportó que Irán tenía material suficiente para fabricar cuatro bombas nucleares. Y llegó el verano de 2026: luego de la recia arremetida de Israel y de Estados Unidos contra Irán, ambos suscribieron otro ‘acuerdo histórico’. Irán firmó un alto el fuego por 60 días y, nueve días después, aún con la tinta fresca, lanzó nuevos ataques.

La respuesta de Washington fue la correcta: ataques militares precisos e inmediatos, con la advertencia expresa de que se completaría el trabajo si Irán no cumpliera su compromiso.

¿Acuerdo real o estrategia?

Irán ha demostrado que solo firma tratados cuando está debilitado y los viola cuando se recupera, recurriendo a la diplomacia para ganar el tiempo que necesita mientras los centrifugadores siguen girando.

Un acuerdo suscrito de mala fe no es un tratado, es una trampa.

Mientras el mundo está de fiesta con la Copa del Mundo, con alegría y pasión genuina que nos une, en pocos días pasará la fiebre mundialista y volverá la realidad: por el Estrecho de Ormuz transita el 20 % del petróleo y gas global y cada vez que Irán atenta contra su libre tráfico, los precios del crudo se disparan y las economías del planeta, en especial Ecuador, lo siente en el costo de los combustibles y la canasta familiar.

El mundo no puede darse el lujo de ver los partidos sin prestar atención a lo que ocurre en el entretiempo. El régimen de Irán no merece segundas oportunidades, ha demostrado que no tiene palabra y no honra sus acuerdos.

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