SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

El narcisismo y la libertad de expresión

Un estudio sobre 157 líderes políticos relaciona el autoritarismo con el narcisismo y explica por qué algunos gobernantes atacan a periodistas críticos

La intolerancia de algunos líderes a las críticas puede convertirse en una amenaza para la libertad de expresión y la democracia.

La intolerancia de algunos líderes a las críticas puede convertirse en una amenaza para la libertad de expresión y la democracia.CANVA

Creado:

Actualizado:

Cada vez aparecen más gobernantes en el mundo que son incapaces de tolerar las crítica a sus gobiernos y que violan sin empacho la libertad de expresión. El caso de Abelardo de la Espriella, en Colombia, es quizá el más reciente.

Cuando la crítica se convierte en una amenaza

Razones políticas e históricas para que estas figuras estén saliendo como hongos tras la lluvia hay muchas, pero también existen estudios psicológicos que explican el fenómeno y que lo ubican como una patología. ¿Qué tiene en la cabeza un líder que deslegitima a un periodista crítico y que incluso es capaz de articular campañas de desprestigio en su contra, que normalmente desembocan en el despido o renuncia de dicho periodista?

Hace no muchos años se publicó el que quizá es el más citado y reconocido estudio académico sobre los desequilibrios psicológicos de los autócratas. Se trata de un estudio de Alessandro Nai y Emre Toros sobre 157 líderes políticos. Los académicos encontraron que aquellos con tendencias autocráticas tienen niveles significativamente mayores de narcisismo, además de maquiavelismo y psicopatía, que son los otros dos factores que hacen de alguien un autócrata. En narcisismo, la diferencia es reveladora: 3,39 sobre 4 entre los autócratas, frente a 2,99 entre políticos que no eran autocráticos.

El hallazgo de este estudio es que el narcisista necesita admiración, reconocimiento y confirmación de su propia excepcionalidad. Por eso la crítica le resulta insoportable pues contradice la imagen que el líder necesita tener de sí mismo.

El periodista como enemigo del poder

Ahí ocurre algo peligroso. El periodista cuestiona una decisión del gobernante y el gobernante no debate sobre su decisión sino que ataca al periodista. Lo llama enemigo, corrupto, mentiroso, desestabilizador o cómplice. La crítica deja de ser una opinión legítima y se convierte en una agresión. Entonces aparece la paradoja: algunos líderes que proyectan una imagen de fuerza son profundamente vulnerables a la contradicción. Necesitan demostrar que nadie puede cuestionarlos porque la crítica amenaza algo más que su gobierno: amenaza la imagen que tienen de sí mismos. Y cuando esa fragilidad se combina con el poder, el narcisismo deja de ser un rasgo privado y se convierte en una amenaza a la democracia.

De acuerdo al estudio, el autoritario no siempre piensa: “quiero censurar” sino, más bien, “¿cómo se atreven a hablar así de mí?” .

tracking