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Diario Expreso Ecuador

El objeto de la disputa

Si este proyecto ha prendido alarmas y reacciones múltiples, ¿no será de que el Gobierno y sus representantes escuchen al clamor por un cuidado a la Cultura?

Al proyecto del nuevo Museo Nacional del Ecuador lo llamaron caja de fósforos y decenas de apelativos. Pocas voces hablan sobre algo más importante que el contenedor: el contenido.

Al proyecto del nuevo Museo Nacional del Ecuador lo llamaron caja de fósforos y decenas de apelativos. Pocas voces hablan sobre algo más importante que el contenedor: el contenido.Archivo Expreso

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Al Gobierno parece tenerle sin cuidado la Cultura y lo que ello implica en la transformación positiva de las mentalidades y sensibilidades, en el respeto al otro, en el fortalecimiento de la criticidad. Y tanto más. Se elimina el Ministerio de Cultura, se modifica el reglamento del Cootad, dejando exánime la marcha cultural de los municipios. Sin embargo, ajeno a este sector desolado en términos nacionales, se pone en marcha un nuevo museo nacional. Parece no hacer sentido. El Gobierno, entiendo, respalda la gestión puntual de la ministra devenida en viceministra. Se lanza un concurso internacional para el anteproyecto de contenedor del museo; participan ‘la creme de la creme’ de las oficinas de arquitectura. El jurado está integrado por representantes del Gobierno, incluida la Vicepresidencia. Se delibera como en todo proceso similar; se dota de confianza a los integrantes del jurado. Éste falla a favor de una propuesta. Se lanza la noticia en redes. La respuesta es nefasta: una imagen del exterior del edificio -una sola imagen- causa furor. La llaman caja de fósforos y decenas de apelativos adicionales. Se llega a pedir se dé marcha atrás al fallo.

Tras la reacción, en redes, puntualizo, en redes, el Gobierno pide la renuncia de la viceministra de Cultura. Ayer la apoya, hoy ya no. A pesar de la fidelidad de sus acciones a este Gobierno, a pesar de las expectativas generadas a nivel internacional y el trabajo en marcha, se pondrá otra persona. ¿Cuáles son los motivos de fondo? ¿A qué va a responder un nuevo representante? ¿Se cambiarán las políticas culturales de este país? Más bien, ¿habrá alguna deliberación sensata sobre su marcha cultural? O, ¿será una decisión que responde a vendetas personales? Si es así, es doblemente lamentable.

Escuchar el clamor por el cuidado de la cultura

Mas el objeto de la disputa no es precisamente la propuesta buena o mala de una pieza arquitectónica. Este es el disparador que enciende la llama. Pocas voces hablan sobre algo más importante que el contenedor: el contenido. Lo que llamamos los guiones museológicos que debieron realizarse y comunicarse antes de lanzar el proyecto; y antes de ello, sesudas discusiones con representantes de varios sectores sobre lo que hoy debiera suponer levantar un museo nacional en una nación sumida en una de las mayores crisis de su historia; en un país racista, sexista, clasista, que destruye sus fuentes de agua y da paso a un extractivismo sin límites. Porque la nueva museología ya no concibe un espacio para enseñar cosas bonitas de arte que satisfagan al visitante ‘culto’. Lejos de ello, el museo es un lugar que tensiona realidades diversas, que sirve para abrir el debate democrático, que puede llegar a guiar en cierta medida el contento o descontento de las poblaciones varias, es un lugar de capacitación y educación del más alto nivel.

Entonces, si este proyecto ha prendido alarmas y reacciones múltiples, ¿no será de que el Gobierno y sus representantes escuchen al clamor por un cuidado a la Cultura? Por invertir en la misma, por revelar sus carencias, por atender sus requerimientos y sobre todo por no ponerle mordaza o instrumentalizarla a su favor?

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