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Diario Expreso Ecuador
Columna Internacional

Sophie Eisentraut

El difícil camino hacia un orden de potencias medias

En lugar de ser una inercia temporal, priorizar las capacidades defensivas individuales puede envalentonar a los mismos actores que motivaron dichos esfuerzos

El primer ministro canadiense Mark Carney planteó en Davos una “tercera vía” para las potencias medias.

El primer ministro canadiense Mark Carney planteó en Davos una “tercera vía” para las potencias medias.RRSS

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En el histórico discurso que ofreció en Davos en enero, el primer ministro canadiense Mark Carney instó a las potencias medias a unir fuerzas y forjar una “tercera vía” para enfrentar una realidad geopolítica cada vez más dura, en vez de postrarse ante la presión de las grandes potencias o actuar de manera independiente.

Sin embargo, al definir esa vía esbozó dos proyectos con alcances muy diferentes: uno limitado, enfocado en resistir la intimidación de las potencias dominantes; y otro más vasto, orientado a colaborar para construir un orden internacional mejor y multilateral basado en normas.

Las potencias medias han avanzado principalmente en el primer objetivo. Para proteger sus propios intereses, han reducido dependencias críticas mediante alianzas pragmáticas y coaliciones centradas en temas específicos, aun con socios que no comparten todos sus valores. Ejemplos de esto son los acuerdos de Francia con Emiratos Árabes Unidos en IA, las alianzas de la Unión Europea sobre materias primas con Kazajistán y Sudáfrica, y sus nuevos pactos bilaterales de seguridad.

No obstante, poco se ha avanzado en el objetivo de construir un orden global más justo.

Los riesgos de una cooperación fragmentada

La visión de Carney ha tenido pocos adeptos en el Sur Global, cuyos líderes priorizan alianzas para capear el colapso del multilateralismo. Por su parte, los líderes occidentales tampoco han actuado en consecuencia: a pesar de su discurso en favor de las normas, los gobiernos europeos guardaron silencio ante las violaciones del derecho internacional por parte de Donald Trump y recortaron presupuestos de ayuda internacional. Asimismo, encuestas para la Conferencia de Seguridad de Múnich revelan que en la mayoría de las potencias medias la población no prevé un mayor compromiso gubernamental ante retos como el cambio climático o emergencias humanitarias.

Esta dinámica conlleva riesgos severos. En lugar de ser una inercia temporal, priorizar las capacidades defensivas individuales puede envalentonar a los mismos actores que motivaron dichos esfuerzos (como ocurre al comprar armamento a EE. UU.). Además, la cooperación indiscriminada corre el riesgo de derivar en un silencio estratégico frente a violaciones de derechos humanos.

Por otra parte, la proliferación de coaliciones ‘ad hoc’ acelera la fragmentación internacional en compartimentos estancos, agregando tensiones sin lograr resultados inclusivos. Finalmente, centrarse en el poder relativo puede afianzar una visión de suma cero donde los países prefieran hacer excepciones a las reglas antes que ceder soberanía en pos de objetivos comunes.

Los líderes que consideran la propuesta de Carney como la única opción viable no pueden darse el lujo de esperar a estar protegidos: deben comenzar ya mismo a trazar el plan de acción para el orden internacional que desean, asegurándose de que las opciones que construyan hoy puedan converger hacia esa “tercera vía”.

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