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Diario Expreso Ecuador

Asumir responsabilidades

La crisis moral y de ética actual nace en la pérdida de valores dentro de la familia y la escuela, donde el tener prima sobre el ser

Educadores y padres debemos asumir nuestra responsabilidad cuando se develan cada día casos de falta de ética y moral pública y privada.

Educadores y padres debemos asumir nuestra responsabilidad cuando se develan cada día casos de falta de ética y moral pública y privada.Archivo Expreso

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Cuando no solo aquí se develan cada día casos de falta de ética y moral pública y privada, pues lo que vemos casa adentro se replica en otros lares, es señal de que hemos de buscar más allá para encontrar causas y, entonces, remedios y soluciones.

Según los casos y la región, se invoca a la pobreza, la disolución de la familia, el consumismo y la ambición desmedida para intentar entender el problema; y acaso es cierto, pero no es lo único. Pensamos que hay un eje común que se vive en cada familia y en cada sociedad para llegar a esos tristes resultados, y ese ‘eje común’ es el forjar buenas personas.

Creemos esto, pues en todas las naciones la familia y la escuela intentan formar, y este es el principal y el más grande eje transversal que unifica a seres de tan distintas latitudes. Hurguemos ahí, busquemos ahí las raíces que expliquen por qué hemos desembocado en un mundo de tan amplia corrupción, pleno de amoralidad, lleno de egoísmos y violencia.

Lo que torció los objetivos de la sociedad

Quienes nacimos en posguerra y aprendimos, por la historia, el avance de la humanidad, podemos dar fe de la búsqueda de ideales y prestigio por la que pasó el género humano: primero, el territorio; luego, el liderazgo y la propiedad; los triunfos bélicos; y más tarde, el desembarco en la cultura, pasando por el honor y el prestigio de manejar la ciencia. Estos marcaron etapas en las que el respeto al buen nombre y el dar lustre a los apellidos guiaban a la gente.

Interrumpiendo la búsqueda del abstracto, que significa honor y prestigio, apareció una vez más el becerro de oro y se perdió la pista. De pronto el egoísmo, el enriquecimiento fácil y la falta de escrúpulos torcieron los objetivos, y tener se volvió más importante que ser, sumándose a eso la impaciencia actual.

Y ahí equivocó la familia su rol: buscar hijos felices por ricos, desplazó al querer hijos buenos; y en todas las clases socioeconómicas, la persecución del dinero, junto a la falta de espiritualidad, hicieron lo suyo. Matrimonios por conveniencia, amistades interesadas y el arribismo llegaron.

Educadores y padres debemos asumir nuestra responsabilidad.

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