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Diario Expreso Ecuador

Buenos cómicos

De la ficción de Jorge Luis Borges a la realidad, la IA empodera a los ciudadanos para sentar en el banquillo a las autoridades y vencer la ineficiencia estatal

La inteligencia artificial permite a los ciudadanos demandar al Estado y exigir sus derechos, haciendo realidad las utopías libertarias de Borges.

La inteligencia artificial permite a los ciudadanos demandar al Estado y exigir sus derechos, haciendo realidad las utopías libertarias de Borges.Generada con IA

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Un personaje borgiano relataba que los gobiernos “fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba”. Hasta que desaparecieron. El autor del ‘Libro de arena’ no pudo imaginar que el factor propiciatorio de su utopía libertaria no sería un cambio cultural o una rebelión anarquista, sino la tecnología.

Algunos han sostenido que la inteligencia artificial (IA) agudizará el auge de estados totalitarios y policiales, sin duda una posibilidad; pero la evidencia reciente apuntala la ficción futurista de Borges. “How AI is breaking the British state” es el título de un editorial reciente de The Economist que describe la cruzada de ciudadanos frustrados y armados con IA para sentar en el banquillo a las autoridades por la distancia entre la promesa del estado de bienestar y la realidad. Antes el gobierno, siempre moroso de las garantías que ofrece -servicios, derechos, infraestructura, seguridad-, enfrentaba a ciudadanos poco conocedores de la ley o del intrincado sistema burocrático, o sin los recursos para costear la asesoría y el patrocinio jurídico. La responsabilidad pública quedaba en letra muerta. Ya no más: hoy en día la IA, que ya maneja el derecho y redacta mejor que la mayoría de abogados, ha inundado el foro inglés con demandas contra Whitehall por derechos individuales quebrantados, desde multas de tránsito, tributos indebidos hasta prestaciones sociales.

La IA frente a los políticos y a la burocracia ineficiente

Si la adopción tecnológica depende más de la agilidad organizativa, la comunidad de objetivos, la cultura de cambio y el dominio técnico, no parece probable que los órganos estatales, que son la quintaesencia de la lentitud y la ineficiencia, esclavos del vaivén político y de su arquitectura kafkiana, logren controlar la IA aun ejerciendo el monopolio de la ley y la coerción. Y está la cuestión de la autonomía de la IA sobre sus propios mandatos y límites de acción -‘alignment’-, que contradicen la pretensión de control político sobre sistemas cuya conducta no pueden predecir ni sus codificadores originales. Si estos fenómenos suceden ahora, que los modelos de IA están en la infancia respecto de su potencial, ¿qué les quedará a los políticos en el futuro, acaso buscar oficios honestos, emplearse de buenos cómicos o curanderos, como fantaseaba Borges?

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