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Diario Expreso Ecuador

La IA y nuestro futuro

El avance de la inteligencia artificial plantea incertidumbre sobre el empleo, reviviendo dilemas históricos entre el progreso tecnológico y el impacto social

Para los pesimistas la IA puede esclavizar y hasta acabar con la humanidad; para los optimistas la industrialización y tecnología dieron a la gente común acceso a bienes antes solo para ultrarricos.

Para los pesimistas la IA puede esclavizar y hasta acabar con la humanidad; para los optimistas la industrialización y tecnología dieron a la gente común acceso a bienes antes solo para ultrarricos.Generada con IA

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Muchos se preguntan si sus trabajos se mantendrán en una década o serán desplazados por la inteligencia artificial y la robótica. Otros pensarán si lo que están estudiando hoy en las universidades no quedará en la obsolescencia al poco de graduarse. Es el precio del progreso. Allá por los años 80, entrar a una notaría implicaba ingresar a un concierto de máquinas de escribir, pues cuando se pedía ‘copia de la escritura’ se hacía una transcripción mecanográfica del protocolo. Todas esas personas fueron desplazadas, de un plumazo, por la fotocopiadora, tal como esos mecanógrafos y el papel carbón habían relegado a los antiguos escribanos, que hacían lo mismo, pero a punta de pluma y copia por copia. Y los fotocopiadores, a su vez, fueron, en mucho, apartados por los archivos PDF. ¿Por qué no puede pasar lo mismo con la IA y la automatización, con los obreros, abogados, médicos, arquitectos, empleadas domésticas y un larguísimo etcétera?

Aprender de lo ocurrido en la Revolución Industrial

Todo cambio produce miedo o, al menos, aprensiones. Los más pesimistas nos dicen que la IA puede esclavizar e, incluso, acabar con la humanidad, mientras los optimistas recuerdan que la industrialización y los avances tecnológicos lograron que el común de la gente tenga hoy bienes que antiguamente eran privilegio de ultrarricos: el mero hecho de poder ver películas en casa implicaba una infraestructura que solo se podían dar los poderosos. Como ahora está de moda verse como en los 80, recuerde que para ver televisión internacional se requería una antena parabólica enorme, de las que solo podían disfrutar las clases más favorecidas y no como ahora, con el simple acceso a Internet, y la música había que comprarla en discos caros. Claro, hoy es normal que la gente tenga todo el conocimiento al alcance de la mano, un saber que hace décadas hubiese costado ingentes cantidades de dinero, pero eso, paradójicamente, está transformando a las masas en una tropa de ignorantes que cree que no debe aprender absolutamente nada, lo que constituye un verdadero peligro para las naciones.

Esos avances, como pasó con la Revolución Industrial del siglo XIX, no solo han traído un progreso inusitado, sino, también, muchedumbres pauperizadas que nos llevaron a los totalitarismos. No se puede predecir el futuro, pero sí aprender del pasado. Ojalá la clase dirigente mundial lo esté haciendo.

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