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Diario Expreso Ecuador

El trabajo no remunerado en la era de la IA

La inteligencia artificial puede transformar el trabajo no remunerado, reducir el tiempo dedicado a tareas domésticas y cambiar cómo medimos la productividad

La inteligencia artificial puede reducir el tiempo dedicado a tareas domésticas, trámites y otras actividades que no suelen reflejarse en las estadísticas económicas.

La inteligencia artificial puede reducir el tiempo dedicado a tareas domésticas, trámites y otras actividades que no suelen reflejarse en las estadísticas económicas.Archivo

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El debate sobre las posibles disrupciones económicas de la inteligencia artificial suele ignorar una parte importante de la actividad humana: el trabajo no remunerado. Los estadísticos lo llaman “producción doméstica”, pero existen pocos datos sobre ella. En Estados Unidos se realiza la American Time Use Survey (ATUS), aunque su alcance es limitado, y en la mayoría de los países de la OCDE estos datos son aún más escasos. Sabemos, por tanto, muy poco sobre cómo utiliza la gente la mayor parte de su tiempo.

La economía que no aparece en el PIB

Esto importa porque los cambios sociales y tecnológicos pueden trasladar actividades entre el trabajo remunerado y el no remunerado, alterando la interpretación de indicadores como el PIB y la productividad. En los años setenta y ochenta, por ejemplo, el crecimiento de estos indicadores en países como Reino Unido y Estados Unidos aumentó en parte porque más mujeres casadas pasaron del trabajo doméstico al remunerado.

La IA también está cambiando el trabajo doméstico

La tecnología digital ya está provocando movimientos en sentido contrario. Hoy realizamos por nuestra cuenta tareas que antes requerían profesionales, desde operaciones bancarias y planificación de viajes hasta pagar compras sin asistencia. Además, millones de personas crean y comparten gratuitamente software, vídeos, cursos y tutoriales. Es trabajo que antes podía ser remunerado y que ahora genera valor sin aparecer necesariamente en las estadísticas. La IA promete ampliar aún más este proceso.

El proyecto ATLAS de Google ofrece algunas pistas sobre los usos más valiosos de la IA fuera del empleo. Analizó millones de interacciones anonimizadas con Gemini y las comparó con las categorías de la ATUS. “Comer y beber” y “viajar” estaban subrepresentados, mientras que “socializar, relajarse y ocio” se acercaba a la proporción real. En cambio, “educación” aparecía unas 5,8 veces más de lo que correspondería por el tiempo dedicado. Algo similar ocurría con los servicios profesionales y de cuidado personal y las compras. La mayor sobrerrepresentación correspondía a “servicios públicos y obligaciones cívicas”, casi veinte veces superior a su peso en el uso real del tiempo.

El tiempo perdido frente a la burocracia

Esta última categoría resulta especialmente relevante. Annie Lowrey señala en The Time Tax que los estadounidenses dedican, en promedio, seis días hábiles al año a trámites burocráticos como declarar impuestos, renovar permisos o solicitar ayudas. A ello se suman gestiones privadas, como negociar con aseguradoras o cancelar suscripciones.

La IA podría reducir considerablemente este ‘impuesto de tiempo’. Los gobiernos deberían aprovecharla no solo para reducir costos administrativos, sino también para ahorrar tiempo a los ciudadanos. Incluso sin intervención pública, los modelos de lenguaje ya pueden facilitar tareas como trámites legales, búsqueda de productos, diseño de interiores o compra de entradas.

Una nueva forma de medir la productividad

Esta transformación afectará a sectores como el derecho, la educación, la salud, las finanzas y el entretenimiento, donde los profesionales competirán cada vez más con herramientas gratuitas de IA. Pero esto no necesariamente será negativo: la IA puede ampliar el mercado de los servicios humanos y generar demanda de productos complementarios.

En definitiva, las mejoras de productividad en el trabajo no remunerado pueden ser enormes. Para comprender cómo la IA transformará la economía y diseñar políticas adecuadas, hay que mirar más allá del empleo y prestar atención al lado doméstico de la “frontera de producción”.

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