SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

Destrucción masiva de libros

La escasa calidad de la IA y el escaneo destructivo de millones de libros antiguos exigen políticas de conservación digital y física para nuestro patrimonio

Anthropic empezó a comprar miles de libros de anticuarios en todo el mundo, romper sus lomos con cortadoras hidráulicas, escanear su contenido en pocos minutos y triturar el físico.

Anthropic empezó a comprar miles de libros de anticuarios en todo el mundo, romper sus lomos con cortadoras hidráulicas, escanear su contenido en pocos minutos y triturar el físico.Generada con IA

Creado:

Actualizado:

¿Cómo entrenar correctamente a la IA si no se la alimenta de buen contenido? Como historiadora recurro a la IA y, muchas veces, muchas, los resultados son verdadera bazofia. No confío para nada en su lenguaje, en sus “reflexiones”. La mayoría de usuarios se traga el cuento; les produce fascinación acceder a una información -cualesquiera que sea- en pocos segundos. Sin embargo, las compañías privadas de la IA como la estadounidense Anthropic saben que deben ganar tiempo al tiempo para alimentar de buen contenido y entrenar a sus chatbots y cautivar al mayor número de usuarios posibles mejorando la información. Así, la señalada empresa empezó a comprar miles de libros de anticuarios en todo el mundo, romper sus lomos con cortadoras hidráulicas, escanear su contenido en pocos minutos y triturar el físico. Los libreros de lo antiguo empezaron a denunciar compras extrañas en diversos puntos del mundo y con ello se descubrió lo que se ha llamado el Proyecto Panamá: una operación de escaneo masivo y destructivo de millones de libros que arrancó a inicios del 2024. Sin autorización de sus autores, esta compañía recibió una demanda millonaria que perdió.

Proteger nuestro patrimonio de la piratería industrial

Se ha levantado un debate ético y legal frente a lo anterior. Qué libros, qué información alimentará a la IA; quién define y con qué objeto el tipo de contenidos que se digitalizarán. Será, por ejemplo, que la disidencia política se perdería para siempre si se oblitera la información de fanzines sobre el movimiento GLBTI o manuales callejeros sobre cambio climático; que se prefiera digitalizar el contenido de un pensamiento fascista acorde con la ultraderecha de hoy y que se pierda la praxis y la reflexión democrática; que no tengan cabida el pensamiento ni la producción de movimientos subversivos que cuestionan violentamente el comportamiento político de EE.UU. o de China. Que perdamos el pluralismo de miradas... Que condicionen nuestro pensamiento y conocimiento a lo que quieren estas empresas y sus mentores asociados con unos pocos lucradores que persiguen su propio beneficio a costa del beneficio y satisfacción colectivos.

Ahora más que nunca países como el nuestro, con bibliotecas y archivos como los nuestros, únicos por los cortos tirajes o documentos singulares, nos obliga a cuidarlos física y digitalmente porque resultan fundamentales para la construcción y proyección de nuestras propias memorias, aquellas comparadas con la de los vecinos, y finalmente el tejido de grandes y pequeños aportes desde América Latina para la humanidad. Y hacerlo significa recuperar una multiplicidad de información, en una diversidad de fondos, tanto clásicos como informales; urbanos y rurales; escritos, sonoros y de imágenes. Y cuidar su formato material: sus lomos, las notas, la ilustración grabada.

Necesitamos conservar más que nunca nuestro patrimonio documental de esta piratería industrial que solo beneficia a las grandes corporaciones transnacionales. Como decía un librero para el caso español, nosotros debemos escanear nuestro patrimonio, en nuestra lengua, guardarlo y licenciar los datos de manera controlada.

tracking