Hasta la última cuadra
La infraestructura vial moldea la movilidad y salva vidas, por eso diseñar calles seguras e inclusivas es clave para transformar toda la ciudad

Una calle ancha invita a acelerar. Una acera inexistente obliga a caminar por la calzada. Un cruce lejano empuja a cruzar donde se puede. Una parada mal ubicada expone a quien espera el bus.
En mi primera columna conté que he mirado la ciudad desde tres espacios: la empresa privada, el sector público y la sociedad civil organizada. De los tres, es en este último donde hoy me siento más cómoda. Allí he encontrado una forma distinta de ser: mirar de cerca los problemas, trabajar con las personas y empujar cambios que transforman la vida cotidiana.
En seguridad vial solemos hablar mucho de ‘cultura vial’. Pedimos al peatón que cruce bien, al conductor que respete, al motociclista que sea prudente. Todo eso importa. Pero no podemos perder de vista algo esencial: la infraestructura también determina cómo nos movemos. Lo que nos rodea nos moldea.
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Thais Urdánigo Núñez
Una calle ancha invita a acelerar. Una acera inexistente obliga a caminar por la calzada. Un cruce lejano empuja a cruzar donde se puede. Una parada mal ubicada expone a quien espera el bus. Una escuela rodeada de vehículos rápidos convierte cada entrada y salida en un riesgo.
Construir ciudades que cuidan la vida
La infraestructura también educa. Puede ordenar, proteger y cuidar. O hacer exactamente lo contrario.
Y ahí está parte del desafío: entender que no siempre se necesita gastar más, sino diseñar mejor. Con la misma inversión podemos construir una vía que solo mueva vehículos o una que además salve vidas, conecte barrios, permita caminar con dignidad y dé seguridad a un niño o autonomía a una persona mayor.
Guayaquil
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Thais Urdánigo Núñez
Pero esa forma de hacer ciudad no puede quedarse en las avenidas principales ni en las zonas más visibles. La seguridad vial también se juega en la calle del barrio, en el acceso a una escuela, en el camino hacia una parada, en ese recinto donde la infraestructura tarda demasiado en llegar.
Ese es, para mí, el verdadero compromiso: que una buena decisión de diseño no sea un privilegio, sino una forma de hacer ciudad. Que la infraestructura que cuida, ordena y protege llegue donde más se necesita.
Hasta la última cuadra.
Porque cuando entendemos que lo que construimos también moldea cómo vivimos, dejamos de hablar únicamente de cultura vial y empezamos a construir, de verdad, ciudades que cuidan la vida.