Ciudad y resiliencia
Guayaquil enfrentaría a un Fenómeno de El Niño potencialmente severo con una infraestructura débil, con cerros devastados y sin planes claros de prevención

Guayaquil está expuesta a casi todos los desastres naturales, excepto los huracanes, debido a su localización geográfica, aunque lo que la hace vulnerables es su población y su débil infraestructura.
Un informe del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU (DESA) determinó que uno de cada tres habitantes del planeta está en peligro de sufrir las consecuencias de ciclones, inundaciones, sequías, terremotos, erupciones de volcanes, deslizamiento de tierras y otros desastres naturales. Una ciudad como Guayaquil está expuesta a casi todos los desastres naturales, excepto los huracanes, debido a su localización geográfica, aunque lo que la hace vulnerables es su población y su débil infraestructura.
El desafío de Guayaquil ante los desastres naturales y antrópicos
Ya en al año 2018 se eligió como tema para conmemorar el Día Mundial de las Ciudades el ‘Construir ciudades sostenibles y resilientes’, con el fin de que sean resilientes, esto es, que sean capaces de anticiparse, absorber el impacto de las amenazas, reducir el riesgo, proteger y preservar la vida de las personas, limitar los daños y la destrucción y recuperarse rápidamente mediante un desarrollo urbano planificado y con infraestructuras de calidad.
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Si a los fenómenos naturales les sumamos otros de origen antrópico, como los incendios estructurales, las explosiones, los derrames de sustancias químicas peligrosas, los actos terroristas, las guerras, los disturbios civiles o los accidentes de transporte masivo, la gravedad de su afectación dependerá de la magnitud del desastre, del lugar del asentamiento o su trayectoria, además del grado de prevención y participación de la población, así como de la capacidad de resistencia que una sociedad posea ante su ocurrencia.
La necesidad de contar con planes de contingencia
Estamos próximos a ser afectados por un fenómeno de El Niño que, según informes recientes, podría ser severo. Mientras tanto, Guayaquil sigue rellenando los cauces naturales de flujo de agua y se continúan devastando los cerros, lo que los hace más propicios a deslizamiento de tierra. Asimismo, la ciudad está cada día más colapsada por el tráfico, sin que se conozca de un plan integral que lo pudiera resolver.
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La necesidad de que se generen planes de contingencia y de prevención es una tarea urgente para el país y, particularmente, para aquellas ciudades más pobladas y, por tanto, más expuestas.