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Diario Expreso Ecuador

Un juramento de unidad gracias a la Tri

Dejarlo todo hoy en el Azteca sería mucho más que ganar como hicimos ante Alemania; sería reivindicar a un país que lucha contra sus problemas estructurales

Muchos piensan que el fútbol es solo eso, un juego, pero para los ecuatorianos es indudablemente un vínculo de unión y esperanza.

Muchos piensan que el fútbol es solo eso, un juego, pero para los ecuatorianos es indudablemente un vínculo de unión y esperanza.Archivo Expreso

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Cuando todo parecía perdido, un grupo de jugadores demostró que ante la adversidad siempre hay forma de levantarse. Que no importan las críticas, el pesimismo, la depredación de propios ecuatorianos contra sus pares, pues si lo creemos, somos capaces de lograr los objetivos que nos trazamos. Muchos piensan que el fútbol es solo eso, un juego, pero para los ecuatorianos es indudablemente un vínculo de unión y esperanza.

La lección de la Tri ante Alemania para el país

En 2024, en este mismo espacio, comenté un anécdota de la final de la Champions League de ese año en Múnich, cuando Willian Pacho levantó la copa europea con su equipo PSG. El profesor Miguel Ángel Ramírez, que estaba a mi lado, me dijo algo que no olvido: “¿Viste? Hay que creer más en el Ecuador. Solo falta que se lo crean más”. El jueves, cuando casi nadie lo esperaba, la Tricolor venció a Alemania, selección con cuatro copas del mundo.

Ese triunfo tiene tuvo rostro de Esmeraldas, de San Lorenzo, de Quinindé. Son los mismos lugares que muchas veces mencionamos solo cuando hay crimen y que el Estado recuerda cuando hay votos. Lugares donde el único proyecto de vida disponible para muchos jóvenes lleva tatuajes y armas. Y sin embargo, de allí siguen saliendo jugadores que se atreven a creer. Mientras el Estado no pudo salvarlos, el deporte privado les creyó.

Hoy el Ecuador no juega solo un partido en el mítico estadio Azteca de la ciudad de México. Es un partido especial por lo que significan al momento las relaciones entre ambos países. Aunque la historia entre Ecuador y México es larga y digna, se nota en el ambiente un absurdo racismo y una enorme animadversión de muchos mexicanos contra los ecuatorianos.

Vicente Rocafuerte, guayaquileño de nacimiento, fue el hombre a quien la Cámara de Diputados mexicana otorgó la ciudadanía para que pudiera representar a México ante el Reino Unido. Logró que Gran Bretaña reconociera la independencia mexicana. Negoció el primer tratado comercial entre ambas naciones. Ese hombre, político, diplomático, escritor, se convirtió después en presidente del Ecuador. La historia compartida de estos dos pueblos está escrita con tanta tinta de ejemplaridad, que ni la política o el fútbol, podrán destruir.

El espejo donde Ecuador debe mirarse para salir adelante

La decisión de López Obrador de convertir su embajada en Quito en refugio de un sentenciado por corrupción, como lo era Glas, fue el inicio del problema. La respuesta ecuatoriana fue legal y legítima, aunque las consecuencias diplomáticas han sido dolorosas y vigentes. En el tiempo que lleva gobernando, Sheinbaum solo ha seguido aupando a prófugos por corrupción que tanto daño le han hecho al país.

Por eso dejarlo todo hoy en el Azteca sería mucho más que obtener tres puntos como los que le sacamos a la poderosa Alemania. Sería la reivindicación de un país que lucha a diario contra sus problemas estructurales. Sería la confirmación de que el problema del Ecuador no ha sido nunca la falta de talento, sino la falta de fe en sí mismo y esa depredación absurda entre todos.

Cuando el pasado jueves después de la victoria contra Alemania, retumbó con emoción el pasillo ‘Nuestro Juramento’ interpretado por Julio Jaramillo en el estadio de Nueva Jersey, se confirmó que los ecuatorianos están listos para hacer ese juramento necesario: creernos de lo que somos capaces, para salir adelante, con unidad, de toda adversa situación.

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