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Diario Expreso Ecuador

Del feriado vacío al tiempo lleno

El feriado no solo ofrece descanso: expone nuestra dificultad para detenernos, habitar el silencio y gestionar lo que sentimos cuando nadie nos marca el ritmo

Salinas durante un feriado nacional.

Salinas durante un feriado nacional.Joffre Lino / Expreso

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Cada feriado es distinto según quién lo viva. Hay quien trabajó esos cuatro días. Hay quien descansó. Hay quien tuvo el calendario libre y aun así no logró soltar, porque la responsabilidad de un oficio, de una empresa, de un hospital, de una guardia, no se pausa por decreto. Hay quien pasó el feriado cuidando, que es otra forma de no descansar.

El espejo del tiempo libre

Por eso esta columna no es para todos. Es para quienes pudimos quedarnos quietos. Aunque haya sido por horas. Aunque haya sido apenas una mañana. Para nosotros, el feriado puso un espejo. Aparecieron las maneras con las que llenamos el silencio cuando nadie obliga. Cómo descansamos. Cómo postergamos las conversaciones difíciles. Cómo huimos del aburrimiento. Maneras que la cultura nos enseñó antes de que pudiéramos preguntarnos si las queríamos.

Tener tiempo libre y ser libre del tiempo no son la misma cosa. Lo primero lo concede el calendario. Lo segundo es no estar tomado por la culpa del descanso ni por el desconcierto de no saber qué hacer cuando nadie manda. De ahí que muchos tengamos tiempo libre y sigamos atados: revisamos el correo, planificamos el lunes, no encontramos cómo parar. Y el feriado, cuando termina, deja una pregunta que la rutina viene a tapar enseguida: ¿qué se vio en esos ratos de quietud que no quisiéramos volver a ver? La tentación es archivarla. Volver a la agenda. Guardar el espejo hasta el próximo puente. Para seguir haciendo lo mismo aprendido. Para seguir siendo adultos que no saben qué hacer con un domingo en la tarde. Y en ese vacío, el país hace otra cosa. El Estado acaba de decidir que las emociones deben enseñarse. Que hay que nombrarlas, ordenarlas, hacerlas asignatura. Lo hará en aulas donde muchos aprenderán por primera vez algo que sus casas no pudieron transmitir, en un país donde los adultos nunca aprendieron a hacerlo.

Lo que deja al descubierto

Algo incómodo se asoma en esa escena legislativa. No por la ley, sino por lo que deja al descubierto. El lenguaje emocional se institucionaliza mientras sigue siendo precario en la vida real. Y sin embargo, ahí se abre algo. Para los niños. Y si elegimos mirar, para nosotros.

La columna continúa en @bb_latente

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