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Diario Expreso Ecuador

El Niño, el océano y la atmósfera

La alerta roja por el fenómeno El Niño exige al Gobierno y municipios preparar infraestructuras y evitar el pánico antes de confirmar su intensidad

Ante la alerta roja, el Gobierno tiene la obligación de preparar infraestructura, sistemas de drenaje, carreteras, hospitales, servicios básicos y mecanismos de respuesta.

Ante la alerta roja, el Gobierno tiene la obligación de preparar infraestructura, sistemas de drenaje, carreteras, hospitales, servicios básicos y mecanismos de respuesta.Archivo Expreso

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Sí, Ecuador está en alerta roja por el fenómeno El Niño. Y sí, ya nació. Y eso quiere decir que el país debe estar listo para cualquiera que sea el escenario en el corto plazo. No significa, sin embargo, que ya se conozca con certeza su intensidad y los efectos que tendrá en el territorio nacional.

De lo que hay certeza es que el calentamiento del mar, con temperaturas que superan en cuatro y hasta cinco grados centígrados los valores normales, guarda similitudes con las registradas durante el extraordinario evento de 1997-1998. Pero una cosa es conocer el estado del océano y otra, muy distinta, saber cómo responderá la atmósfera.

Ahí está la incertidumbre. Un océano excepcionalmente caliente no necesariamente significa que Ecuador tendrá lluvias extremas. Tampoco permite asegurar, desde ahora, sequías u otros efectos en las distintas regiones del país. La historia demuestra que fenómenos aparentemente similares pueden producir comportamientos diferentes.

Hay dos experiencias que deberían servir de referencia. En 1997 las lluvias comenzaron en septiembre y se prolongaron hasta mayo, con consecuencias devastadoras. En 2015-2016, en cambio, el océano también registró temperaturas elevadas, similares a las de ahora, pero las precipitaciones no alcanzaron la intensidad que algunos pronósticos anticipaban.

Prevención pero no alarmismo

Por eso, la Alerta Roja debe entenderse como una señal para actuar, no como la confirmación de una catástrofe. El Gobierno tiene la obligación de preparar infraestructura, sistemas de drenaje, carreteras, hospitales, servicios básicos y mecanismos de respuesta. También debe informar con claridad, sin minimizar los riesgos, pero sin alimentar el temor con pronósticos que aún no son certezas.

A fin de este mes los científicos podrán precisar mejor qué puede ocurrir en Ecuador.

Prepararse para lo peor no significa anunciar que ocurrirá. Significa que, si ocurre, el país no vuelva a descubrir demasiado tarde que pudo haber estado mejor preparado, y eso incluye a la población y a los gobiernos locales y central. Evitemos desgracias.

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