Nubarrones en el horizonte
Ecuador enfrenta una doble crisis: el azote de las extorsiones al comercio y la amenaza inminente de El Niño, reviviendo el fantasma del colapso de 1997

De la capacidad de anticipación y de una respuesta estatal técnica, que incluye a los municipios, dependerá que los efectos de El Niño no sean de gran magnitud.
El horizonte ecuatoriano se vislumbra denso, cargado de presagios. La economía nacional, debilitada por factores estructurales y asfixiada por una crisis de seguridad sin precedentes, se enfrenta hoy a una doble tenaza: el descalabro del tejido productivo interno y la inminente amenaza climática del fenómeno El Niño. El panorama, desalentador, recuerdalos capítulos más dolorosos de nuestra historia reciente.
Por un lado, la cotidianidad del comercio y la industria se desmorona. El cierre forzado de negocios debido a las extorsiones, ‘vacunas’ y la violencia criminal, sumado al achicamiento de medianas y grandes empresas por la contracción de las ventas, golpea el estómago de los hogares. Cada local que baja la persiana se traduce en desempleo inmediato; cada reducción de personal precariza a quienes se quedan, reduciendo al mínimo sus recursos para cubrir la canasta básica.
Ecuador
Ecuador activa campaña de prevención de incendios ante el fenómeno de El Niño
Valeria Alvear
Vulnerabilidad al límite
A este escenario recesivo se le suma un detonante natural de consecuencias impredecibles: el fenómeno El Niño. La Organización Meteorológica Mundial pronostica elevadas probabilidades de precipitaciones extremas, deslaves e inundaciones en la costa. Las señales del actual fenómeno guardan una preocupante similitud con las registradas entre junio y julio de 1997, que anunciaron el extraordinario El Niño de 1997-1998, que devastó la infraestructura vial, destruyó puentes, bloqueó carreteras y dejó al país incomunicado, provocando pérdidas multimillonarias en sectores clave como el agrícola (arroz, maíz, banano, soya) y la industria camaronera.
Editoriales
Fenómeno de El Niño en Ecuador: la prevención y la planificación son clave ante su llegada
Editorialistas Expreso
La analogía con el pasado es inevitable y aterradora. No hay que olvidar que la fragilidad económica e institucional que crujía a finales de los noventa, exacerbada por los estragos de El Niño, fue el caldo de cultivo que precipitó la crisis bancaria, el congelamiento de ahorros y la posterior dolarización. Hoy, con una vulnerabilidad fiscal similar y un tejido social fragmentado, el riesgo de un colapso sistémico vuelve acrecentado. De la capacidad de anticipación y de una respuesta estatal técnica, que incluye a los municipios, y urgente, dependerá que este negro panorama no termine por repetir una tragedia que el país ya conoce muy bien.