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Diario Expreso Ecuador

Euroesclerosis

La excesiva burocracia y la manía regulatoria frenan el desarrollo de la Unión Europea. Urge una revolución de sentido común que libere la iniciativa privada

La obsesión de regularlo todo al detalle y la gigantesca burocracia hacen que los países europeos vayan a un ritmo muy lento en comparación con los de otras regiones.

La obsesión de regularlo todo al detalle y la gigantesca burocracia hacen que los países europeos vayan a un ritmo muy lento en comparación con los de otras regiones.Generada con IA

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El término se acuñó hace varias décadas para significar la lentitud con la que los países europeos tomaban las decisiones requeridas para su desarrollo, con el consecuente retraso frente a economías dinámicas.

Lo recordé a propósito de un artículo de The Economist con el título “Las torpes deliberaciones en Europa”, que inicia con un chascarrillo del siglo XIX que decía que “si se acerca el final del mundo, lo recomendable es ir Bavaria, en donde los asuntos llegan 50 años más tarde” (traducción libre). Señala también el artículo que más tarde el cuento se aplicó a zonas como los Países Bajos, Cincinnati e Islandia.

La burocracia ha llevado a Europa a la parálisis

El autor del artículo, Stanley Pignal, afirma que en el mundo actual el cuento debería aplicarse a Bruselas, sede de la Unión Europea, por el burocratismo que impera. En caso de una conflagración nuclear, por ejemplo, el funcionario que redacte el comunicado de la UE indicaría que no puede hacerlo público hasta que los embajadores de los 27 países miembros hayan acordado su texto específico. Luego el comunicado deberá traducirse a las dos docenas de lenguajes oficiales, con lo cual estará listo en 2076.

En la reunión de Davos de 2025 Úrsula von der Layen (presidenta de la UE) indicó como uno de sus objetivos fundamentales lograr que la incorporación de una sociedad en uno de los países miembros sea suficiente para operar en todos ellos sin necesidad de trámite adicional alguno. Y que en su discurso de 2026 anunció nuevamente ese proyecto. En un año, dice, no había pasado nada.

Bromas aparte, es penoso comprobar que los países europeos van a un ritmo muy lento frente a los de otras regiones, lo cual produce un atraso cada vez mayor en la cuna de la civilización occidental. La manía de regularlo todo al detalle y la gigantesca burocracia han resultado en esa penosa realidad. Es hora de una revolución del sentido común en los países miembros de la UE, que se abandone el prurito intervencionista de los partidos de izquierda y favorezcan la iniciativa privada y asuman los riesgos que le son propios.

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