Dilema compartido con Colombia
El escenario electoral en Colombia expone riesgos de populismo, vínculos con el chavismo y efectos del narcotráfico en Ecuador.

El aumento de la producción de cocaína en Colombia influye en la violencia fronteriza y en la seguridad de Ecuador.
¿Cómo se derrota al chavismo cuando quienes aspiran a reemplazarlo ayudaron, de una u otra forma, a permitir su existencia?
Cartas de lectores
Colombia y América libres y democráticas, ¿falta mucho para lograrlo?
Cartas de lectores
Candidatos marcados por vínculos y polarización política
Es fácil comprender por qué De la Espriella se convirtió en un fenómeno político. Su arquetipo es el del Bukele colombiano y, en países como los nuestros, donde la violencia es pan de cada día, ese perfil seduce a una parte importante del electorado. Es natural: estamos hartos de la sangre, del miedo y del caos. Pero… ¿puede ignorarse que De la Espriella fue abogado de Álex Saab, el principal operador financiero del chavismo? Y, sobre todo, ¿qué garantía existe de que el cambio sea para mejor?
Iván Cepeda encarna a esa izquierda “revolucionaria” —a estas alturas ya vieja, agotada y pestilente— que ha contribuido a polarizar América Latina. El chavismo no fue únicamente un fenómeno político; también fue un fenómeno propagandístico que dividió el tablero entre patriotas y traidores, dándole una nueva vida al modelo cubano cuando este ya agonizaba. Por eso hoy un comunista que durante años ha relativizado o justificado el terror protagonizado por las FARC es finalista. Y por eso también lo es un abogado millonario que promete que una de sus primeras decisiones será bombardear a las FARC.
Ambos son producto de esta época, en la que hemos pasado demasiado tiempo discutiendo ideologías y muy poco discutiendo límites, instituciones o ética.
Violencia y narcotráfico impactan la seguridad regional
El tema, además, nos concierne directamente. Bajo el gobierno de Petro se han roto todos los récords históricos de producción de cocaína. En la práctica, limitamos con el Frente Oliver Sinisterra, los Comandos de la Frontera y la Segunda Marquetalia, y eso tiene una relación directa con los índices de violencia que sufrimos en Ecuador.
Este servidor está convencido de que lo que le conviene al Ecuador es que Colombia asuma una postura mucho más firme contra los carteles que operan en su territorio. La fuerza pública ecuatoriana no tiene la capacidad —ni la responsabilidad— de enfrentar por sí sola ese fenómeno.
Al mismo tiempo, si la nueva derecha regional comienza a concentrar poder de la misma forma en que lo hizo el chavismo durante su apogeo, lo que veremos dentro de algunas décadas podría no ser tan distinto de lo que observamos hoy. La mejor respuesta al terrorismo y a la violencia sigue siendo un Estado institucionalizado, capaz no solo de imponer límites a los criminales, sino también a los políticos.