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Diario Expreso Ecuador

Entre la esperanza y los escombros

El gobierno de Abelardo de la Espriella arranca en Colombia entre un giro hacia la derecha y la urgencia de reconstruir el país tras un devastador terremoto

El terremoto evidenció la pobre calidad de las instituciones, la infraestructura y los mecanismos de prevención, con un Estado debilitado por problemas acumulados en cuatro años de gobierno de Petro.

El terremoto evidenció la pobre calidad de las instituciones, la infraestructura y los mecanismos de prevención, con un Estado debilitado por problemas acumulados en cuatro años de gobierno de Petro.Archivo Expreso

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La llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia de Colombia representa un giro político de gran trascendencia en la región. Después del gobierno de Gustavo Petro, caracterizado por una retórica estatista, una conflictiva relación con el sector privado y reformas que aumentaron la incertidumbre, el país ha optado, por estrecho margen, por un liderazgo de derecha que promete recuperar la seguridad, la confianza y el crecimiento.

En su discurso de posesión, De la Espriella planteó la necesidad de “reconstruir a Colombia”. Presentó como prioridades la derrota del narcoterrorismo y de las organizaciones criminales, la lucha contra la corrupción, la austeridad estatal y una administración descentralizada, más cercana a las regiones. Destacó la importancia de la iniciativa privada, la generación de empleo y el aprovechamiento responsable de los recursos energéticos. Fue, en esencia, una invitación a restaurar el orden y devolverles protagonismo a los ciudadanos.

Un cambio de rumbo para Colombia

Una política económica favorable a la inversión, la propiedad privada, la disciplina fiscal y la reducción de trabas burocráticas podría encaminar nuevamente a Colombia hacia un crecimiento sostenido. Esto se consigue con seguridad jurídica para invertir, reglas estables para producir y libertad para emprender.

Colombia tiene la oportunidad de incorporarse a una renovación liberal y conservadora que comienza a observarse en parte de América Latina. El acercamiento con Ecuador, Perú y Argentina podría facilitar la integración comercial, la inversión regional y una agenda común frente al crimen organizado.

Sin embargo, la celebración de la posesión fue abruptamente opacada por el terremoto de magnitud 7.4 que golpeó el occidente colombiano el 10 de agosto. La tragedia dejó centenares de muertos, desaparecidos y heridos, además de decenas de miles de viviendas destruidas o dañadas. Carreteras, hospitales, escuelas, aeropuertos y sistemas de agua también resultaron afectados. Las primeras aproximaciones sitúan los recursos necesarios para la atención y la reconstrucción en alrededor de US$ 9.000 millones, aunque el costo definitivo podría ser mayor.

Todo lo que evidenció el terremoto

El terremoto puso en evidencia la pobre calidad de las instituciones, la infraestructura y los mecanismos de prevención. La emergencia encontró un Estado debilitado por problemas acumulados durante cuatro años en los que la administración de Petro privilegió la confrontación ideológica sobre la ejecución eficiente. La precariedad de numerosas poblaciones y las dificultades iniciales para coordinar la ayuda muestran el abandono institucional.

Sin embargo, la catástrofe también ha revelado la resiliencia de un país unido, de los ciudadanos que donan sangre, alimentos y recursos, de los voluntarios, rescatistas, médicos, empresarios y comunidades que trabajan unidos. Esa solidaridad constituye un capital social más poderoso que cualquier aparato burocrático.

De la Espriella inicia su mandato con una prueba de fuego. Si logra conducir una respuesta rápida, transparente y descentralizada; convocar al sector privado y a la cooperación internacional; y reconstruir sin clientelismo ni corrupción, podrá transformar la tragedia en el punto de partida de una renovación nacional. De los escombros puede levantarse un país más libre, seguro y próspero.

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