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Diario Expreso Ecuador

Paradoja de Abilene

El falso consenso y la comodidad de creer que alguien más hará nuestro trabajo es el peor enemigo de Ecuador, es la trampa social en que vivimos

No denunciamos, no proponemos y asumimos que otro lo hará. La desidia colectiva está debilitando a nuestras empresas, barrios y gobiernos.

No denunciamos, no proponemos y asumimos que otro lo hará. La desidia colectiva está debilitando a nuestras empresas, barrios y gobiernos.Archivo Expreso

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Es impresionante cómo una historia contada en 1974 puede describir con tanta precisión a América Latina y, en particular, al Ecuador. Ese año, Jerry B. Harvey formuló la paradoja de Abilene. Contó cómo un suegro propuso recorrer cerca de 80 kilómetros, bajo un calor sofocante, para ir a almorzar a la ciudad de Abilene. En realidad, nadie de la familia tenía ganas de hacerlo. Sin embargo, uno tras otro fueron aceptando la idea porque cada cual creyó que los demás sí lo deseaban o esperaban que alguien más se opusiera. Al regresar, agotados e incómodos, descubrieron que ninguno había querido hacer aquel viaje.

Decisiones sin cuestionamiento

¿Y cuántos viajes seguimos haciendo sin querer hacerlos? En la organización de tu urbanización, de tu edificio, de tu barrio, de tu trabajo, de tu ciudad o de tu país, ¿cuántas veces sigues una decisión sin opinar, sin proponer una alternativa o simplemente porque asumes que todos los demás están de acuerdo?

Ni siquiera aplicamos el principio del décimo hombre, popularizado por un alto funcionario de la inteligencia israelí en la novela Guerra Mundial Z. Si nueve personas coincidían en una conclusión, la décima tenía la obligación de cuestionarla para evitar que el consenso se convirtiera en una trampa.

El falso consenso destruye nuestras sociedades

Es que también dejamos de hacer aquello que nos corresponde porque creemos que otro ya lo hizo. No denunciamos porque alguien denunciará. No proponemos porque alguien propondrá. No revisamos porque alguien revisó. Así ocurren accidentes laborales, fracasan empresas, se deterioran gobiernos y se debilita nuestra sociedad bajo el peso de la desidia.

El falso consenso y la falsa tranquilidad de creer que siempre habrá alguien dispuesto a hacer la parte que nos corresponde es nuestro mayor enemigo espiritual. Una sociedad no se construye cuando todos siguen la corriente. Se construye cuando alguien se atreve a preguntar, a discrepar y a asumir la responsabilidad que los demás dan por hecha.

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