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Diario Expreso Ecuador

'Coaches'

Gurús emocionales y algoritmos en redes sociales: el "coaching" contemporáneo prolifera y nos persigue a toda hora en tiempos de incertidumbre

Las redes sociales han industrializado la figura del guía espiritual secular y le han dado  presencia en la vida de las personas a todas horas, gracias al algoritmo.

Las redes sociales han industrializado la figura del guía espiritual secular y le han dado presencia en la vida de las personas a todas horas, gracias al algoritmo.Canva

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Los antiguos arúspices observaban las entrañas de los animales para confirmar que un ritual se cumplía bien e interpretar el porvenir. Leían en el hígado señales sobre guerras, cosechas, matrimonios y decisiones políticas para su cliente. Eran, en esencia, intérpretes de la ansiedad colectiva. La incertidumbre humana convertida en oficio.

Dos mil años después, con la influencia de la Iglesia cristiana en el camino, hemos cambiado los templos por auditorios con luces LED y las vísceras por evidencias sobre “abundancia”, “alineación” y “energía personal”. Los ‘coaches’ ontológicos estructuran hoy rituales para alcanzar una vida supuestamente más plena, más eficiente o más auténtica. Hay palabras clave, dinámicas grupales, ejercicios de respiración, confesiones públicas y hasta liturgias emocionales cuidadosamente diseñadas para producir transformación.

El algoritmo es el aliado de los gurús modernos

La diferencia no está en la función social, sino en la escala tecnológica. Antes, el arúspice aparecía en ceremonias específicas o acompañaba a las élites en momentos decisivos en comunión de valores de la tribu. Hoy, el nuevo sacerdote del bienestar vive permanentemente en nuestras pantallas. Igual de limitado que leer unas vísceras es el fundamento científico del ‘‘coach’’. Sus mensajes llegan a toda hora: al despertar, en videos de un minuto; durante el almuerzo, en podcasts; antes de dormir, en frases motivacionales compartidas miles de veces. El ritual dejó de ser excepcional y pasó a convertirse en flujo continuo. Se vació el ritual entonces.

La modernidad presume haber desplazado la superstición mediante la razón. Pero el ser humano sigue necesitando intérpretes del caos. Cambian los símbolos, persiste la necesidad. Donde antes se consultaban augurios, hoy se consultan gurús emocionales. Entre más incertidumbre, más proliferan. Donde antes se buscaba la voluntad de los dioses, ahora se busca la mejor versión de uno mismo.

Nada de esto es realmente nuevo. Solo está amplificado, como si fuera una nueva tendencia en redes. Han industrializado la figura del guía espiritual secular y le han dado una presencia ubicua. El antiguo arúspice esperaba ser convocado; el coach contemporáneo nos persigue desde cada algoritmo atrayendo la atención sobre nuestras angustias.

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