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Diario Expreso Ecuador

El Mundial y la realidad

La Tri despierta la ilusión frente a México, pero los goles no pueden convertirse en cortina de humo ante la crisis de seguridad, salud y economía del país

Ningún triunfo deportivo, por histórico que sea, puede ocultar la realidad que enfrentan millones de ecuatorianos.

Ningún triunfo deportivo, por histórico que sea, puede ocultar la realidad que enfrentan millones de ecuatorianos.Generada con IA

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Cada vez que la selección ecuatoriana salta a la cancha en un Mundial, el país se detiene. Millones de personas dejan por noventa minutos sus preocupaciones para aferrarse a una ilusión compartida. Hoy, frente a México, la Tricolor volverá a despertar esa esperanza colectiva. Y está bien que así sea. El fútbol tiene la capacidad de unir a un país fragmentado y regalar alegrías en medio de la incertidumbre.

Lo que no está bien es convertir esa emoción en una cortina de humo para hacer creer que el Ecuador marcha por el camino correcto. Ningún triunfo deportivo, por histórico que sea, puede ocultar la realidad que enfrentan millones de ecuatorianos.

El fútbol no borra la crisis de salud, empleo y seguridad

Las carencias no desaparecen cuando rueda el balón. Al contrario, continúan profundizándose. Son pocos quienes creen que la seguridad haya mejorado, como insisten desde ciertas instancias del poder. La delincuencia sigue condicionando la vida cotidiana y el miedo continúa siendo un compañero permanente.

Tampoco mejoran las condiciones económicas. Miles de ecuatorianos trabajan jornadas extenuantes y, aun así, sienten que el dinero alcanza cada vez para menos. La inflación, el empleo precario y la incertidumbre han reducido la capacidad de los hogares para cubrir sus necesidades básicas.

La salud pública tampoco ofrece motivos para el optimismo. Los hospitales continúan deteriorándose, con infraestructura envejecida, equipos insuficientes y escasez de medicamentos. A ello se suma el abandono de la red vial: los transportistas recorren carreteras cada vez más dañadas y llenas de baches, incluso donde las lluvias dejaron de ser una excusa hace meses.

El fútbol merece ser celebrado por lo que representa: esfuerzo, disciplina y orgullo nacional. Pero el poder político no puede aprovechar esa alegría para vender una imagen de normalidad inexistente.

La euforia que provoca la Tricolor quizá terminé pronto, pero los problemas estructurales del Ecuador, en cambio, seguirán esperando soluciones. Porque los goles pasan, pero las necesidades de los ciudadanos permanecen.

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