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Diario Expreso Ecuador

ANÁLISIS SOBRE PERÚ

Dos Perús y un puñado de votos

Análisis: Seguimos con atención el conteo de una de las elecciones más reñidas de la historia peruana resulta inevitable sorprenderse con los números

El candidato izquierdista Roberto Sánchez habla en una rueda de prensa este viernes, en Lima.

El candidato izquierdista Roberto Sánchez habla en una rueda de prensa este viernes, en Lima.EFE

Fernando Insua Romero
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Seguimos con atención el conteo de una de las elecciones más reñidas de la historia peruana resulta inevitable sorprenderse con los números. Atrás quedo aquel 2016, cuando Keiko Fujimori perdió frente a Pedro Pablo Kuczynski por poco más de 41.000 votos. Hoy hablamos de márgenes de apenas cientos de votos que suben y bajan conforme avanzan las actas. La diferencia equivale a los asistentes de una boda grande o de un pequeño coliseo. Un puñado de personas podría terminar definiendo el destino de más de treinta millones de peruanos divididos en dos realidades distintas, dos mundos que necesitan reconciliarse.

Basta mirar el mapa electoral para entender cómo se expresa hoy esa vieja división. Keiko Fujimori obtiene sus mejores resultados en Lima donde se concentra el 32% de la población del país producto de un pasmoso centralismo histórico, Callao, buena parte de la costa y entre los peruanos residentes en el extranjero. Su propuesta gira alrededor de la estabilidad económica, la inversión privada, la seguridad y la defensa del modelo que comenzó su padre y que convirtió al Perú en una de las economías más dinámicas de América Latina. Para millones de votantes, el desafío principal no es cambiar el modelo, sino corregir sus fallas.

Aparece otro país político

Frente a ese Perú urbano y costero aparece otro país político. Es el Perú donde Roberto Sánchez obtiene sus mayores apoyos; el que se extiende por Ayacucho, Huancavelica, Apurímac, Cusco, Puno y otras regiones andinas donde la sensación de abandono histórico sigue siendo fuerte. Allí la pregunta no es cuánto creció la economía, sino quiénes se beneficiaron realmente de ese crecimiento.

Sería un error interpretar esos votos como una adhesión automática al terrorismo o al socialismo del siglo XXI. Muchas de esas regiones fueron precisamente las principales víctimas de la violencia política senderista de los años ochenta y noventa. Buena parte de ese respaldo expresa reclamos por infraestructura, servicios públicos y representación política haciendo del socialismo y el ultranacionalismo peruano ideologías dominantes con sello propio.

A esa fractura interna se suma el voto exterior. Millones de peruanos que abandonaron el país durante años de violencia, crisis económica o búsqueda de oportunidades participan ahora en una elección donde la diferencia cabe cómodamente dentro de un teatro.

El verdadero desafío del próximo gobierno

Quizá ahí se encuentre el verdadero desafío del próximo gobierno. Si Keiko Fujimori resulta vencedora, tendrá que gobernar un país donde millones de ciudadanos sienten que el crecimiento económico no llegó con la misma intensidad a todos los rincones del territorio.

Si Roberto Sánchez logra imponerse, no tendrá un camino sencillo. Parte de sus planteamientos apuntan a reformar un sistema político que muestra claros signos de agotamiento, especialmente en torno a la figura de la vacancia presidencial usada por el fujimorismo para tumbar gobiernos con razón o sin él. Sin embargo, la posibilidad de impulsar reformas constitucionales más amplias genera preocupación en sectores que temen cambios sobre el modelo económico, la autonomía del Banco Central de Reserva y otras instituciones consideradas claves para la estabilidad peruana de las últimas décadas.

Si ese choque de visiones se profundiza, Perú podría ingresar nuevamente en un ciclo de confrontación permanente. Y esa sería, probablemente, una crisis aún más compleja que la que terminó con la caída y posterior encarcelamiento de Pedro Castillo, porque ya no enfrentaría únicamente a un presidente contra el Congreso, sino a dos proyectos distintos de país disputándose el rumbo de la República.

Y quizá por eso esta elección resulta tan importante para toda la región. Desde el exterior solemos observar al Perú de los grandes indicadores económicos, de las exportaciones y de la inversión extranjera. Pero detrás de esas cifras existe un país que también enfrenta narcotráfico, minería ilegal, extorsiones, sicariato e inseguridad creciente. En algunas regiones, las conversaciones comienzan a parecerse inquietantemente a las que durante años hemos escuchado en Ecuador.

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