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Diario Expreso Ecuador

¿Qué admiramos?

Si en Ecuador no somos capaces de admirar y respetar el éxito honesto y posicionar referentes, vamos a terminar admirando la trampa

En Ecuador nos cuesta distinguir entre quien llega arriba por talento, disciplina y riesgo, y quien llega por trampa.

En Ecuador nos cuesta distinguir entre quien llega arriba por talento, disciplina y riesgo, y quien llega por trampa.Generada con IA

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A propósito del aniversario 250 de la independencia de Estados Unidos, Jordan Peterson escribió sobre lo que considera uno de los grandes diferenciadores de la cultura estadounidense: “Ustedes valoran el éxito y creen en su existencia”. Agregaba que, incluso en democracias libres y desarrolladas, suele imponerse un cinismo contraproducente cuando el éxito se equipara con explotación, la ambición se mira con desprecio y el esfuerzo deja de ser celebrado. EE.UU. conserva una épica cultural alrededor del esfuerzo, la innovación, la competencia y el logro individual. Peterson me hizo reflexionar sobre lo importante que es para una sociedad admirar algo. Admirar, no idolatrar. Admirar en el sentido de reconocer qué conductas consideramos valiosas. Los países también se educan admirando: ¿a quién celebran?, ¿a quién imitan?

Nos cuesta celebrar el éxito honesto

¿Qué admiramos en Ecuador? No lo tengo claro. No es que falten referentes. Los hay: deportistas, empresarios, médicos, artistas, académicos, emprendedores y ciudadanos comunes que han hecho cosas extraordinarias en condiciones adversas. Su ejemplo muchas veces queda sepultado bajo el ruido, la desidia o la sospecha. El escándalo organiza mejor nuestra atención que el mérito y por eso tenemos una relación torcida con el éxito. Nos cuesta distinguir entre quien llega arriba por talento, disciplina y riesgo, y quien llega por trampa. Con frecuencia metemos todo en el mismo saco. Sospechamos del empresario exitoso, del deportista exitoso, del profesional exitoso. Pero, si los representantes de políticos probadamente corruptos asoman en la papeleta, buena parte del país los vota a ojo cerrado. Somos severos con el mérito ajeno y complacientes con la corrupción propia.

Dese una vuelta por TikTok, estimado lector. Descubrirá que la cultura criminal gana terreno, que sus códigos y formas de pensar son cada vez más admirados. Revise la discusión pública en X: no hay capacidad de jerarquizar moralmente los hechos. La víctima es culpable. El victimario es perseguido político. El traficante es potencial presidente de la República. Así las cosas, ¿cómo vamos a ponernos de acuerdo sobre principios democráticos, marcos de convivencia, agendas de futuro o prioridades nacionales? Si no somos capaces de admirar y respetar el éxito honesto y posicionar referentes, vamos a terminar admirando la trampa.

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