SUSCRÍBETE
Diario Expreso Ecuador

La trampa de la nostalgia

Ante la nostalgia por el pasado conviene mirar los números, dejar de preguntarnos cuándo estuvimos mejor y empezar a preguntarnos qué falta para estarlo

Sería injusto negar que se perdió esa sensación de poder caminar tranquilo, pero una cosa es aprender del pasado y otra muy distinta es querer mudarse a él.

Sería injusto negar que se perdió esa sensación de poder caminar tranquilo, pero una cosa es aprender del pasado y otra muy distinta es querer mudarse a él.Canva

Creado:

Actualizado:

Hay una frase que se repite en cada sobremesa, en cada cola de banco, en cada taxi: “antes estábamos mejor”. La dicen los que extrañan un gobierno y también los que extrañan al anterior. Curioso: cada quien añora un pasado distinto, pero todos coinciden en que el presente es lo peor que nos ha tocado vivir. Mi padre siempre me repite que en sus 62 años nunca ha escuchado a nadie decir que Ecuador está bien y que es momento de invertir.

La nostalgia es noble y tramposa al mismo tiempo. Noble porque nace del cariño por lo vivido. Tramposa porque la memoria es una pésima contadora: se queda con lo bueno, descarta lo malo y termina vendiéndonos un pasado que nunca existió así. Idealizamos la época en que fuimos jóvenes y se nos olvida que entonces también nos quejábamos: del sucre, de los apagones, del gobierno de turno.

Conviene mirar los números, que no tienen nostalgia. La pobreza por ingresos cerró 2025 en 21,8 %, el nivel más bajo en casi dos décadas, con una caída de 2,5 puntos en un año. No es para lanzar cohetes -la desigualdad no cede y el propio INEC pide leer la cifra con cautela- pero ahí está. Y choca de frente con la idea de que todo tiempo pasado fue mejor.

Ningún país sale adelante añorando lo que fue

Dicho esto, sería injusto negar que algo se perdió. Había una previsibilidad, una sensación de poder caminar tranquilo que hoy escasea. Reconocerlo es de honestos. Pero una cosa es aprender del pasado y otra muy distinta es querer mudarse a él.

La política ecuatoriana se alimenta de esa nostalgia. Cada bando vende su propia versión del paraíso perdido y convierte cada elección en un duelo de recuerdos. Y mientras discutimos cuál ayer era mejor, los avances del presente pasan de largo y los problemas del mañana siguen sin que nadie los agarre. Quizás el ejercicio más sano sea otro: dejar de preguntarnos cuándo estuvimos mejor y empezar a preguntarnos qué falta para estarlo. El pasado sirve de brújula, no de destino.

Ningún país salió adelante añorando lo que fue. Salieron adelante los que se atrevieron a imaginar lo que todavía no eran.

tracking