Nadie da lo que no tiene
Cuba y Estados Unidos exploran posibles acuerdos sobre petróleo y una transición política, mientras persiste el debate sobre quién representa a los cubanos

Cuba y Estados Unidos mantienen tensiones por el embargo, el suministro de combustible y las condiciones para una eventual negociación.
Desde febrero llega combustible a Cuba en contenedores cisterna. Se descargan en el puerto del Mariel y van a negocios privados, porque Washington puso una condición para dejarlo pasar, que no terminara en manos del Estado ni de los militares. Mientras, se negociaba algo más grande.
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Thais Urdánigo Núñez
En septiembre supimos que hubo petróleo sobre la mesa. Según el Miami Herald, Washington ofreció petróleo e inversiones a cambio de privatizar la petrolera estatal y de que Díaz-Canel dejara la presidencia. Llevó la oferta a un coronel sin cargo conocido, nieto de Raúl Castro. El hombre voló a una isla del Caribe, se reunió con asesores de Marco Rubio y regresó el mismo día. No hubo acuerdo.
Soy cubana y me interesa menos el fracaso que su anatomía. El parentesco acerca al poder, pero no dice en nombre de quién se negocia. Washington puede abrir el paso al petróleo sin levantar el embargo. Para suspenderlo basta un gobierno de transición. Para terminarlo, la ley de 1996 exige más, presos libres y un gobierno salido de elecciones libres.
El antecedente de Venezuela
En Venezuela hubo algo que retener. Estados Unidos vendió barriles venezolanos, retuvo los primeros quinientos millones de dólares y los entregó con el gasto sujeto a su visto bueno. El grupo de trabajo sobre Cuba de Harvard pide a las autoridades una amnistía primero y a Estados Unidos que abra enseguida el paso al combustible y aporte dinero, sin decir quién vigila que las dos partes cumplan. Rubio pide a Cuba un camino irreversible de libertades para aflojar del todo.
Nadie da lo que no tiene, y nadie tiene todo. Washington no otorga la legitimidad que solo dan los gobernados, y su ley lo reconoce. La diáspora no tiene territorio, la oposición no tiene Estado y las autoridades de la isla conservan el que desarticuló a su sociedad civil.
En Cuba el Estado encarceló o exilió a buena parte de quienes podían ocupar la otra silla. El silencio que impuso no le da derecho a hablar por todos. Cualquier pacto tendrá a las autoridades en la mesa. Lo difícil es que la sociedad tenga voz en él. Yo escribo desde la mitad que se fue, y solo tengo para poner en esa mesa dos preguntas. Quién da fe. Y quién se sienta enfrente.
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