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Diario Expreso Ecuador

¿Cuánto vale un bosque vivo?

Ecuador ya posee muchos de los atractivos que busca el turismo sostenible internacional. Necesitamos un esfuerzo conjunto entre los sectores público y privado

Quito y su Centro Histórico es uno de los atractivo para el turismo internacional.

Quito y su Centro Histórico es uno de los atractivo para el turismo internacional.ARCHIVO.

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Cada vez que hablamos de turismo en Ecuador celebramos cuántos visitantes llegaron, cuánto crecieron las llegadas internacionales a nuestros aeropuertos o cuántas nuevas rutas aéreas tenemos. Pero quizá estamos midiendo la variable equivocada. ¿Queremos simplemente más turistas o queremos que cada visitante deje más valor en el país?

Mirarse desde otros ejemplos

Mirar otros modelos internacionales puede ayudarnos a entender mejor el potencial del turismo sostenible. Bután, un pequeño país del sur de Asia, desarrolló el concepto de «Alto Valor, Bajo Volumen». Su objetivo no es competir por millones de visitantes, sino atraer a quienes generen beneficios económicos sin destruir aquello que fueron a conocer. Para ello, aplica una tasa de desarrollo sostenible de aproximadamente 100 dólares diarios, cuyos ingresos contribuyen a financiar servicios públicos, infraestructura y conservación ambiental.

Ruanda ofrece otro ejemplo interesante. El país convirtió la observación de gorilas de montaña en una actividad turística que genera ingresos para la conservación y las comunidades cercanas. Mediante permisos de alto valor y programas de distribución de ingresos, ha creado incentivos económicos para proteger una especie amenazada y su hábitat. Su modelo demuestra cómo la conservación puede convertirse en una fuente de desarrollo para las poblaciones locales.

Estos ejemplos deberían hacernos reflexionar: ¿cuánto vale para Ecuador una ballena viva, un bosque intacto, una tortuga gigante o un manglar protegido?

Nuestro país tiene Galápagos, el Chocó Andino, la Amazonía, los Andes y las playas de la Costa. Ofrece aviturismo, observación de ballenas, una gastronomía extraordinariamente diversa y comunidades que mantienen vivas sus tradiciones. En pocas palabras, Ecuador ya posee muchos de los atractivos que busca el turismo sostenible internacional. Lo que necesitamos es un esfuerzo conjunto entre los sectores público y privado para convertir ese potencial en oportunidades económicas.

La estrategia debería incentivar que cada visitante permanezca más días, conozca más destinos, consuma productos nacionales y contrate operadores turísticos locales. Porque el turista más valioso no necesariamente es quien más gasta en un hotel, sino aquel cuyo gasto genera mayores beneficios para las comunidades ecuatorianas.

Sin embargo, el crecimiento turístico sin planificación también tiene consecuencias. Puede ejercer una enorme presión sobre los servicios básicos de comunidades que muchas veces carecen de infraestructura suficiente. Galápagos, por ejemplo, enfrenta desafíos relacionados con la gestión de residuos, el consumo de recursos y la protección de sus especies. 

Los plásticos de un solo uso representan un riesgo adicional cuando terminan en los ecosistemas y se fragmentan en microplásticos. Reducir su utilización es parte de la solución, pero también necesitamos infraestructura adecuada y reglas claras.

El turismo puede financiar la conservación, pero, sin una gestión responsable, también puede terminar destruyendo aquello que vende.

Ecuador no tiene que escoger entre turismo y conservación. El reto es conseguir que uno financie al otro. Quizá nuestra meta no debería ser anunciar un millón más de visitantes, sino lograr que quienes lleguen se queden más tiempo y regresen a casa entendiendo por qué este pequeño país es extraordinario.

Antes de preguntarnos cuántos turistas queremos, deberíamos decidir qué turismo queremos.

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