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Diario Expreso Ecuador

¡Hay que recuperar la confianza!

La corrupción y la impunidad profundizan la crisis de confianza en Ecuador y afectan a sus instituciones. La misión es recuperarla

Imagen referencial sobre la confianza.

Imagen referencial sobre la confianza.CANVA

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La confianza no es un simple sentimiento; es un delicado entramado de emociones, pensamientos y acciones que sostiene la vida en sociedad. Cuando se quiebra, sus consecuencias son profundas y duraderas, y el Ecuador hoy vive esa fractura con intensidad. La corrupción, la impunidad y la descomposición social han erosionado la fe de los ciudadanos en sus instituciones, generando un vacío que ningún discurso oficial puede llenar de manera inmediata.

Casos de corrupción debilitan la credibilidad institucional

Casos como el de Progren, donde se malgastaron recursos públicos en compras fraudulentas, o la liberación de delincuentes por decisiones judiciales cuestionables, han demostrado que la desconfianza no surge de un capricho, sino de hechos concretos. Cómo pedir ahora a la ciudadanía que crea en la transparencia de nuevas compras de medicamentos, o en la honestidad de quienes ocupan cargos públicos, si el historial demuestra lo contrario. La sospecha se ha convertido en un sentimiento compartido, casi inevitable, que no distingue entre poderes ni jerarquías.

La pérdida de confianza se extiende incluso a quienes deberían ser símbolo de seguridad: policías y militares. La infiltración de elementos corruptos o criminales en estas filas alimenta la duda y debilita la legitimidad de las operaciones que se ejecutan. No es la desconfianza del pueblo la que amenaza al Estado; es la deshonestidad de quienes lo conducen.

Transparencia y sanciones, claves para recuperar confianza

Recuperar la confianza es, por tanto, un desafío que exige más que promesas. Requiere acciones concretas, consistentes y visibles: transparencia en la gestión pública, sanciones claras para los corruptos, selección rigurosa de autoridades y un compromiso renovado con la ética. Pero también implica un trabajo de fondo en la sociedad: rescatar valores como la honestidad, la responsabilidad y el respeto mutuo. La reconstrucción del tejido social es indispensable. Solo cuando cada ciudadano, cada servidor público y cada líder político actúe con integridad, se podrá comenzar a restaurar lo que se ha perdido.

La confianza se recupera con justicia, coherencia y transparencia. Solo hechos concretos reconciliarán a los ciudadanos con sus instituciones.

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