Los médicos no son el problema
Acosar a los médicos no solucionará el desabastecimiento de medicinas ni la corrupción en la red pública de salud de Ecuador, sino investigar la gestión

En el IESS y en el Ministerio de Salud también trabajan médicos éticos, comprometidos con su profesión y con los pacientes.
Sí, hay médicos corruptos en el Seguro Social y en el Ministerio de Salud. Profesionales que se lucran con negocios paralelos y terminan atendiendo en sus consultas particulares a pacientes que no encuentran respuesta urgente en la red pública. A ellos hay que investigarlos, sancionarlos y, cuando corresponda, separarlos de sus cargos. Pero sería injusto convertir esa conducta en una acusación contra todos los médicos, porque no son todos ni, mucho menos, la mayoría.
En el IESS y en el Ministerio de Salud también trabajan médicos éticos, comprometidos con su profesión y con los pacientes. Profesionales que cumplen largas jornadas intentando salvar vidas en hospitales donde faltan medicamentos, insumos y equipos. Son precisamente esos médicos quienes no pueden recetar paracetamol como si fuera la solución para cualquier enfermedad, solo porque es uno de los pocos fármacos disponibles. Un medicamento que no corresponde a una dolencia no cura: puede ser apenas un placebo y, en determinados casos, agravar la situación del enfermo.
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Se acusa a los médicos pero el problema real persiste
Ningún presidente de la República ni ministro de Estado puede exigir a un médico que prescriba un medicamento que no sirve para la enfermedad de su paciente. La medicina tiene principios, protocolos y responsabilidades que no pueden quedar sometidos a decisiones políticas. Los médicos están para diagnosticar, tratar y salvar vidas, no para ocultar las deficiencias de un hospital ni las negligencias de quienes tienen la obligación de garantizar el abastecimiento.
Tampoco resulta razonable responsabilizar a los profesionales de la salud por recetar medicamentos que no están disponibles. La ausencia de medicinas e insumos en los hospitales públicos es una realidad que debe ser investigada en las áreas administrativas y de contratación, no trasladada al consultorio del médico.
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La lucha contra la corrupción no puede convertirse en una búsqueda de culpables entre quienes están frente al paciente. Hay que mirar dónde se compran las medicinas, quién decide, quién contrata, quién controla y quién se beneficia. Porque mientras se acusa al médico que intenta hacer su trabajo, el verdadero problema permanece intacto.