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La real evaluación de vender el banco no pasa por la decisión sobre el patrimonio, sino por el riesgo moral del Estado para garantizar a los depositantes’.

La posible venta del Banco Pacífico ha levantado una controversia. En un lado se alinean aquellos que plantean que el banco no debe venderse al ser una de las pocas empresas que sostenidamente da utilidades al Estado. En la otra orilla están quienes creen que la tarea del Estado es otra, no administrar este tipo de activos, y tarde o temprano el banco se contaminará políticamente para convertirse en un botín como antes lo fueron la telefónica, los hospitales, la petrolera, o en general cualquier empresa pública donde el presupuesto permita travesuras. Objetivamente hablando, el banco ha generado resultados económicos al Estado, y desde su estatización estuvo sometido a presiones políticas que los administradores pudieron sortear, en su mayor parte. Es absolutamente real que el banco deberá hacer provisiones para créditos de dudoso recaudo, que no había realizado hasta el 2020, y eso golpeará sus resultados de 2021. Pero hay algo que es objetivo, pensando desde la perspectiva de los contribuyentes: el Estado puede hacer lo que crea socialmente eficiente con sus recursos, me refiero al patrimonio del banco, pero no puede poner en riesgo con sus decisiones los recursos de los depositantes. Técnicamente, por cada dólar que pone el Estado, los depositantes que confían en que el banco se mantiene fuera de las garras políticas, ponen nueve dólares. Distinto es si el Estado decide entregar a través de Banecuador (ex Banco de Fomento) créditos a 30 años y al 1%; ahí el Estado sabe que su decisión pasa por otros conceptos que la eficiencia financiera. Si el Pacífico diera ese crédito y yo fuera depositante, me aterraría pensar que mis recursos están siendo utilizados políticamente. También hay personas que consideran que el momento para venderlo es cuando el riesgo país baje, y por tanto el precio pueda ser mejor. En mi opinión el riesgo país no bajará dramáticamente en los próximos 4 años. Dicho todo lo anterior, siguiendo un proceso transparente, con la veeduría adecuada, si fuera mi decisión, vendería el Pacífico rápido. El Estado tarde o temprano quiebra lo que toca.