Columnas

Ideas y personas

Fue una especia de falacia ‘ad hominem’, donde lo trascendente es descalificar a la otra persona como ponente de una idea, en lugar de sustentar la propia o rebatir la ajena.

Hace pocos días un columnista de este diario hizo observaciones a un proyecto de ley que prohibiría a las personas que no tuviesen autorización para actividades financieras, el otorgamiento de créditos. El editorialista mencionó al proponente de tal proyecto en su escrito. El mismo día de la publicación, el asambleísta colgó en el sitio de internet de la Asamblea su respuesta furibunda.

Para efectos de esta columna, los nombres de los protagonistas no son trascendentes, sino las ideas. De los 5.935 caracteres con espacio usados en su réplica por el asambleísta, 4.183 los dirigió a aludir de diversas formas al columnista, es decir poco más del 70 % del escrito. Fue una especia de falacia ‘ad hominem’, donde lo trascendente es descalificar a la otra persona como ponente de una idea, en lugar de sustentar la propia o rebatir la ajena.

Vivimos una especie de obsesión por considerar a quien piensa diferente como enemigo, en lugar de aprovechar la controversia para difundir con mayor profundidad y amplitud el pensamiento propio. A mí por lo menos me habría gustado leer del asambleísta, si su proyecto fuere aprobado, cómo se financiarían las 350.000 hectáreas de arroz de la cuenca del Guayas que hoy no reciben crédito del sistema financiero, que tan solo sirve a 50.000 hectáreas de esa gramínea. Me gustaría su opinión sobre los nuevos sistemas de “crowdfunding” que están implantándose fundamentalmente en países de ingresos medios y bajos. Habría sido interesante entender cómo funcionarían los grupos llamados “bancos comunitarios de mujeres” que hoy operan en áreas urbano-marginales.

Cuando leyes como estas se implantan, el único resultado tangible es el incremento del costo del dinero, porque el argumento de riesgo es mayor, como lo justificará quien seguirá prestando, porque la necesidad no la elimina una ley.

¿Por qué mejor no nos ponemos a pensar en cómo mejorar la movilización del ahorro, la generación de competencia y la atracción de recursos para bajar los costos? Dejemos de amainar, como el pavo, el plumaje al primer ruido, y discutamos sobre ideas, no sobre personas.