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Joaquín Hernández | ¿Tiene fin la guerra contra Irán?

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Hoy día, la incertidumbre sobre el término de la guerra y sus resultados reina por todas partes

Entramos en la cuarta semana desde que EE.UU. e Israel iniciaron su ofensiva conjunta contra el régimen teocrático iraní. Cuando Hitler invadió la Unión Soviética en 1941 con la operación Barbarroja, señaló, con dramatismo, que ese día el mundo contendría el aliento. Trump no dijo lo mismo el 28 de febrero a propósito de Furia épica, pero todos en Occidente por lo menos lo sintieron. El poder militar, en un amplio sentido, de los atacantes garantizaba, por una parte, el éxito de la ofensiva. Pero por otra, Irán no era una presa fácil y las experiencias en conflictos anteriores no daban mucho optimismo: Irak, Afganistán, Libia.

Hoy día, la incertidumbre sobre el término de la guerra y sus resultados reina por todas partes. La semana pasada el presidente de EE.UU. dijo que se estaba cerca de firmar un acuerdo con Irán. Los puntos planteados por parte del gobierno estadounidense a Teherán son 15, pero entre los más destacados consta el desmantelamiento del programa nuclear y la entrega de las reservas de uranio refinado al 60 %; la finalización de todo apoyo a los grupos proiraníes de la región; limitaciones al alcance y al número de los misiles balísticos y, el respeto a la existencia de Israel como Estado. Irán, por su lado, mientras asevera que no está en negociaciones y continúa sus ataques, ha dicho que sus exigencias son el cierre de las bases militares de los EE.UU. en la región, el control del estrecho de Ormuz y el pago de un volumen millonario por concepto de reparaciones de guerra. No solo eso, también amenaza con cerrar el estrecho de Bab al Mandeb en el Mar Rojo, por donde sale buena parte del petróleo saudita.

Algo es indiscutible. El régimen iraní, pese a la contundencia de los ataques sufridos y la pérdida de sus cuadros de dirigencia, continúa en pie de guerra. El poder está en manos de la Guardia Revolucionaria Islámica, que funciona como una sala de operaciones señalando objetivos y dirigiendo la guerra. Como señala The Economist, “una de las razones de la resistencia de la Guardia Revolucionaria, a pesar de los intensos bombardeos, parece haber sido la descentralización”. Ello complica la estrategia de EE.UU., centrada en los ataques aéreos. Mientras, sube el precio del petróleo y las salidas parecen lejanas, salvo una decisión unilateral de Washington de declarar la victoria en las condiciones actuales y retirarse.