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Regulación inteligente

Avatar del Jaime Rumbea

Tenemos que liberarnos de los dinosaurios de la restricción y la prohibición; la tecnología está para promover la libertad’.

Hace unas semanas el debate internacional sobre el porte de armas y la violencia tuvo novedades. El consorcio ISO, encargado de la estandarización global de normas en todos los temas imaginables, creó un proceso único para tiendas de armas.

La norma es sencilla: asigna un código único a las tiendas, que a su vez se desdobla en códigos únicos para los compradores y para el procesamiento bancario de cada transacción. Es en resumen una norma destinada a proveer un protocolo sólido de información que, ante riesgo inminente o por infracción, pueda ser usado por las autoridades en medidas de ley.

En todos lados la libertad de porte de armas es un tema que despierta pasiones. Poco suma ahondar y tomar posición sobre los reclamos de quien se considera más seguro con armas o de quien prefiere ceder esa libertad a un gobierno. Todo termina siempre en un debate político pseudolegal, al estilo de las grandes asambleas legislativas que nuestra gente repudia o, en el mejor de los casos, de la manipulación mediática propia de la política moderna.

Por eso aunque se asocia la decisión de ISO con el activismo antiporte de armas, el nuevo estándar conlleva aspectos dignos de relievar para todos: para la libertad, para los derechos humanos o para las escuelas de derecho y reguladores que tienen tanta dificultad en modernizarse.

Por un lado la tecnología y la información, bien gestionadas, crean espacios de neutralidad que ayudan a trascender el cacofónico e interesado debate de temas políticos polémicos.

Por el otro lado, normas de este tipo fortalecen la teoría moderna en asuntos regulatorios que propone restringir y penalizar menos, incrementando la información disponible, con tecnología, sobre lo que hacen los agentes económicos, a fin de poder sancionar con sólidas pruebas o prevenir con información en tiempo real.

La regulación moderna prefiere la trazabilidad y las pruebas válidas antes que la restricción ciega. Es un ‘laissez faire’ medido minuto a minuto, cuando se paga una arma en una tienda, cuando se firma un papel o se hace una transferencia. Ojalá los reguladores entendieran.