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Florencio Compte Guerrero | ¡Nunca más!

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"Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos"

Hace unos días se conmemoró en Argentina un año más del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, que recordaba cuando, hace cincuenta años, el 24 de marzo de 1976, un golpe de Estado cívico-militar derrocó a los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, y arrestó a la presidenta peronista María Estela Martínez de Perón. Miles de argentinos salieron a las calles a recordar y exigir reparación por una de las dictaduras más sangrientas de nuestro continente, que dejó más de 30.000 muertos y desaparecidos. Paradójicamente, la misma semana, las Naciones Unidas aprobaba, con 123 votos a favor, una resolución que reconoce a la esclavitud de los africanos como “el crimen más grave contra la humanidad”. Solo hubo tres votos en contra, de los representantes de Estados Unidos, Israel y el de la Argentina de Javier Milei. Milei, el del discurso libertario, el que habla con su perro, el mismo que ha logrado que en su país ocho de cada diez ciudadanos no lleguen a fin de mes, el que junto con Agustín Laje, referente de la ‘inteligencia’ de la ultraderecha, trata de justificar los crímenes alegando que fueron simples excesos de una guerra interna. Ante ellos, los propios obispos argentinos se han plantado exigiendo “que no se mutile la historia”.

Vale la pena recordar el alegato final del fiscal Julio César Strassera, en abril de 1985, en el juicio civil contra los miembros de las juntas militares argentinas por sus crímenes de lesa humanidad: “Hemos tratado de buscar la paz por la vía de la violencia y el exterminio del adversario, y fracasamos: me remito al período que acabamos de describir. A partir de este juicio y de la condena que propugno, nos cabe la responsabilidad de fundar una paz basada no en el olvido sino en la memoria; no en la violencia sino en la justicia. Esta es nuestra oportunidad: quizá sea la última. […] Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’”.