Oído y voz de las paredes
Sigamos pues adornando y ennobleciendo a la ciudad portuaria con bellas formas y colores, pero eso sí, lejos del lodo administrativo que podría opacar esta obra...
La vieja frase: “Las paredes oyen”, puede tomarse como adagio, refrán o advertencia con la experiencia de siglos que trata de recordarnos que nunca estamos solos. Ni siquiera en las habitaciones en que solemos encerrarnos, porque a través de su sospechoso silencio podemos ser delatados en lo que hacemos, tramamos o pensamos por las paredes donde cuelgan los cuadros, las ventanas que nos ofrecen un cielo abierto, las puertas por las que entramos o salimos, los tumbados con sus iluminados y colgantes focos o algún oído humano escondido arteramente en la habitación.
El municipio porteño debe haberse dejado impresionar por la mentada frase porque resolvió hacer uso de las paredes que se multiplican en la vía pública para sacar el arte a las calles y darle un mensaje sensible a quienes viven en el Puerto Principal o nos visitan. En primer lugar, contrató a conocidos artistas plásticos residentes en la ciudad para que desarrollen sus obras en los muros que sostienen los pasos a desnivel que existen en la Perla.
Cumplido este proyecto, el cabildo decidió ir más allá entendiendo que la propagación de la cultura forma parte también de las obligaciones municipales, considerando que todo ser humano está tomado, en mayor o menor grado, por una sensibilidad estética. Y de esta manera planificó que se usen los espacios o ‘frontis’ de los inmuebles públicos o privados, ya para que se pinten en ellos murales o para escribir, a manera de enormes grafitis, versos de autores famosos o desconocidos. Es decir, “para hacer hablar a las paredes”.
Felizmente, esta obra de gran intensión cultural que ya está emprendida en múltiples espacios parece que va a seguir adelante, usando para ello obras plásticas o poéticas que surgen, a veces, de manos artesanales que sin querer se vuelven artísticas. Se usan, así, versos de poetas como Olmedo, Silva, Noboa, Jaramillo, Ledesma, etc., o ya de improvisados hacedores de frases hermosas que por su ingenio pueden formar parte del género esencial de la literatura.
Sigamos pues adornando y ennobleciendo a la ciudad portuaria con bellas formas y colores, pero eso sí, lejos del lodo administrativo que podría opacar esta obra y que ya le costó el puesto incluso a una funcionaria del Municipio.