Columnas

El Pacto Verde de Europa

Las tecnologías avanzadas existen, comercial o precomercialmente, para crear una economía avanzada de carbono cero.

Europa lo ha hecho. El Pacto Verde Europeo anunciado por la Comisión Europea es el primer plan integral para alcanzar un desarrollo sostenible en cualquier región mundial importante. Es un hito global, una guía de “cómo proceder” para planificar la transformación hacia una economía próspera, socialmente inclusiva y sustentable desde un punto de vista ambiental. Las tareas que enfrenta la Unión Europea son abrumadoras: un aparente maremagno de planes, consultas, marcos, leyes, presupuestos y diplomacia, y muchos temas interconectados, que van de la energía y el transporte a los alimentos y la industria. Es burocracia en el mejor sentido weberiano: es racional. Los objetivos de desarrollo sostenible están detallados claramente; las metas están basadas en objetivos sujetos a plazos determinados; y los procesos y procedimientos están establecidos en línea con las metas. Los objetivos fundamentales son alcanzar una “neutralidad climática” (emisiones netas de gases de efecto invernadero cero) en 2050; una economía circular que ponga fin a la contaminación destructiva causada por plásticos y otros petroquímicos, pesticidas, desperdicios y sustancias tóxicas; y un sistema alimentario “de la granja al tenedor”, que ni mate a la gente con una dieta excesivamente procesada ni mate a la tierra con prácticas agrícolas insostenibles. Y la Comisión Europea entiende que esta debe ser una estrategia basada en los ciudadanos. El Pacto Verde Europeo muestra al gobierno tal como debería ser, no al gobierno subordinado a intereses corporativos. Es una demostración de democracia social europea exitosa. Hay motivos para ser optimistas. Las tecnologías avanzadas existen, comercial o precomercialmente, para crear una economía avanzada de carbono cero, de ahorro de recursos y ambientalmente sustentable. Al combinar energía renovable, tecnologías digitales, materiales avanzados y un consumo colaborativo en transporte y otro tipo de infraestructura, podemos descarbonizar el sistema energético, pasar a una economía circular y reducir drásticamente el flujo de recursos primarios. Deben abordarse tres grandes desafíos: superar los intereses del ‘statu quo’. En lo financiero, cada región del mundo, tendrá que destinar un 1-2 % adicional de producción anual a la economía verde, incluidos nueva infraestructura, contratación pública, I&D, reequipamiento industrial y otras necesidades. Gran parte de todo esto estará financiado por el sector privado, pero gran parte debe pasar por presupuestos gubernamentales. Europa responde por alrededor del 9,1 % de las emisiones de dióxido de carbono globales, comparado con el 30 % de China y el 14 % de EE. UU. Si Europa implementa plenamente el Pacto Verde, será en vano si China, EE. UU. y otras regiones no igualan sus esfuerzos. Los líderes europeos consideran, que la diplomacia es crucial para el éxito del Pacto. La diplomacia europea puede marcar una diferencia si se niega a aceptar los esfuerzos insidiosos de EE. UU. por contener a China y, en cambio, le ofrece a China una alianza clara y positiva: trabajar juntos en infraestructura, desarrollo y tecnología euroasiáticos sostenibles, en el contexto de un Pacto Verde chino en las líneas del de Europa. Una alianza de esas características beneficiaría enormemente a Europa, a China, a las decenas de países euroasiáticos en el medio, y a todo el mundo. Europa ha dado un paso histórico con su plan ambicioso, desafiante y viable. El Pacto Verde es una poderosa luz de esperanza en un mundo de confusión e inestabilidad.