Yo lo quemaría todo
Dejen de decirnos cómo llorar a nuestras muertas. Basta de que la culpa sea nuestra.
No sé qué pretenden estas personas que tratan de victimizar a Germán Cáceres. No sé por qué hay programas radiales en los que se acusa a la madre de María Belén Bernal de querer ganar dinero responsabilizando al Estado por el femicidio de su hija.
Recordemos que a María Belén, mujer, madre y profesional, la mataron a golpes en un cuarto dentro de un cuartel policial, a donde ella había ido a visitar a su marido, un policía en servicio activo, un instructor de futuros gendarmes.
Se cometieron varias irregularidades: alcohol en jornadas de trabajo, salidas no registradas y gritos de auxilio a los que nadie respondió. Y después del crimen, hubo la voluntad expresa de sacar el cadáver de la Escuela de Policía (probablemente con ayuda), hasta dejarlo abandonado en un cerro, como si fuera algo desechable.
¿Qué esperaban que hiciera Elizabeth Otavalo si nadie más que ella buscaba desesperadamente a su hija? Yo tengo escalofríos solo de pensar que alguno de mis hijos desaparece o, peor aún, es asesinado de esa forma. Yo lo quemaría todo hasta tener respuestas.
¿Qué creen que habría pasado si Elizabeth hubiera callado? El de su hija sería un femicidio más, archivado como los más de doscientos que hubo el año pasado. Bendito sea el incendio que armó Elizabeth, el que obligó a que el Gobierno diera plazos, destruya edificios y hasta cree ministerios que aún no sabemos si son más burocracia de papel.
Capturaron a Cáceres en Colombia gracias al trabajo en conjunto de la policía de ambos países. Ya lo trasladaron a La Roca, en Guayaquil, por una supuesta garantía de seguridad.
Pero eso no repara las omisiones. Se necesita justicia ágil y políticas públicas que garanticen una depuración efectiva de la Policía y la protección de la vida de las mujeres. Y se necesita una conciencia colectiva para dejar de atacar a una madre que siente rabia y luto. ¿Hasta cuándo vamos a leer que Cáceres merece un trato digno porque su mujer era “tóxica”? Dejen de decirnos cómo llorar a nuestras muertas. Basta de que la culpa sea nuestra.