Premium

Carlos Andrés Vera | Vivir peleando

Avatar del Carlos Andrés Vera

Pelear es legítimo -muchas veces necesario- para desnudar al poder, pero eso ya no alcanza por sí solo

Mis primeros recuerdos respecto al periodismo no son agradables. Tenía cinco años cuando militares se metieron a mi casa en Quito porque el gobierno de LFC sospechaba que mi padre era miembro de Alfaro Vive. Ser hijo del periodista Carlos Vera -y llevar su nombre- vino muchas veces con esa clase de tensiones y miedos. Mi padre ha sido siempre blanco de amenazas, incómodo para los políticos, saltando de un medio a otro. Con más de 50 años de oficio perdió muchos amigos pero, sobre todo, ganó poderosos enemigos. Algunas frases que me compartió me marcaron: “¿Quieres saber lo que es buen periodismo? Mira cómo Roberto Aguilar me destroza”, me dijo alguna vez entregándome un ejemplar de El Universo. Tenía yo unos 18 años. Así conocí la pluma de Roberto: leyendo cómo destrozaba de forma implacable a mi papá en una columna de crítica televisiva. Mi viejo hacía lo mismo con los políticos: los destrozaba con implacabilidad. Fue así que relacioné -intuitivamente- el buen periodismo con una forma de confrontación cruda y sustentada. Pasaron los años y, casi sin querer, me fui metiendo en el debate público. Me vi confrontando -como hizo mi padre tantas veces- a políticos o fuerzas de todo tipo que fueron y siguen siendo un peligro para el país. Hay valor en pelear. Se pelea por principios, por dignidad. Se pelea, incluso, por oficio. Y desde que soy padre, sé que también se pelea porque tienes un ideal de sociedad para tus hijos. Pero con los años he ido entendiendo algo más: las batallas no se van a ganar solo desde la confrontación cruda y sustentada. El Ecuador es distinto; los tiempos, los enemigos incluso, son distintos. Así como sueñas con un ideal para tus hijos, sabes que de nada sirve dejarlos huérfanos. Tampoco sirve un periodista sin audiencia ni un medio extinto.

Planteo esta certeza por el momento crítico que vive nuestro periodismo. Pelear es legítimo -muchas veces necesario- para desnudar al poder, pero eso ya no alcanza por sí solo. Los tiempos demandan más inteligencia. El periodismo no ha caído en crisis únicamente por presiones del poder; también porque no ha sabido adaptar su lenguaje para conectar con nuevas audiencias al mismo tiempo que hace empresa y mantiene principios. Es más fácil decirlo que hacerlo, lo sé. Pero eso es exactamente lo que la coyuntura exige. Batallar por principios no es lo mismo que vivir peleando.